Nueva demanda contra el príncipe heredero saudita por el asesinato de Jamal Khashoggi

La demanda busca el pago de daños civiles y aclarar a través del sistema de justicia estadounidense el nivel de implicación de altos cargos saudíes en el crimen del periodista.

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La pareja sentimental del periodista saudí Jamal Khashoggi y una organización pro Derechos Humanos con sede en Washington presentaron una demanda civil en Estados Unidos contra el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman al Saud, por el asesinato del periodista en 2018 en el interior del consulado saudí en la ciudad turca de Estambul.

La demanda, en nombre de Hatice Cengiz y Democracia para el Mundo Árabe Ahora (DAWN), fue presentada ante un tribunal del distrito de Columbia contra más de una veintena de personas por su presunto papel en el asesinato del periodista, crítico con el actual rey Salman y su hijo, el príncipe heredero, gobernante de facto del reino.

La demanda busca el pago de daños civiles y aclarar a través del sistema de justicia estadounidense el nivel de implicación de altos cargos saudíes en el asesinato de Khashoggi, incluida la publicación de información de funcionarios y agentes de Inteligencia.

Cengiz expresó su esperanza en «lograr la verdad y la justicia para Yamal a través de esta demanda». «Pongo mi confianza en el sistema de justicia civil estadounidense para dar voz a lo que ha pasado y hacer que los responsables rindan cuentas por sus acciones», agregó en un comunicado.

Asimismo, Sarah Leah Whitson, directora ejecutiva de DAWN, ha apuntado además que «la muerte de Jamal sólo fortalece la determinación para continuar con un trabajo clave, promover la libertad, los Derechos Humanos, la dignidad, el Estado de Derecho y la justicia en el mundo árabe y el resto del mundo».

El proceso judicial en Arabia Saudí llegó a su fin el 7 de septiembre cuando, tras el proceso de apelaciones, fueron condenadas a penas de cárcel ocho personas por su responsabilidad en el asesinato de Khashoggi, reduciendo así la pena de muerte dictada en diciembre de 2019 contra cinco de ellas.

Saud al Qahtani, antiguo asesor de Bin Salmán y uno de los principales sospechosos, fue liberado por falta de pruebas. Asimismo, el ‘número dos’ de la Inteligencia saudí, Ahmed al Asiri, y el cónsul general de Arabia Saudí en Estambul en el momento del crimen, Mohamed al Otaibi, fueron exonerados.

El asesinato de Khashoggi, un crítico de la monarquía saudita

Khashoggi, un periodista crítico con la casa real saudí y que trabajaba para ‘The Washington Post‘, desapareció el 2 de octubre de 2018 tras entrar en el consulado saudí en Estambul para gestionar unos documentos para poder casarse con Cengiz, su novia.

Allí, fue asesinado y descuartizado y su cuerpo fue sacado fuera del edificio, según la versión oficial que ofrecieron las autoridades saudíes, después del escándalo en torno a su desaparición y muerte a nivel internacional. Sus restos no han sido hallados por ahora.

El periodista había criticado públicamente al príncipe heredero, denunciado por disidentes por implementar un «reino del terror» desde que fue colocado en la línea sucesoria en 2017. El Gobierno saudí desvinculó al príncipe heredero Mohammed del asesinato, a pesar de que expertos de la ONU han expresado sus dudas al respecto.

En este sentido, la relatora especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, Agnes Callamard, que realizó una investigación del caso, dijo en junio de 2019 que las pruebas sugieren que Bin Salmán y otros altos cargos serían responsables del asesinato. Posteriormente, dijo que los fallos finales eran «una parodia de justicia».

Por contra, Salá Khashoggi, hijo del periodista dijo en mayo que él y sus hermanos han «perdonado» a los asesinos de su padre. Tras ello, Hatice Cengiz, pareja sentimental de Jashogi en el momento de su asesinato, recalcó que «nadie tiene derecho a perdonar a los asesinos».

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Una princesa saudita suplica al rey ser “liberada” y denuncia su “detención arbitraria” en una cárcel

Basma Al-Saud afirma que fue «arrojada a la cárcel» después de ser «secuestrada sin explicación» junto con una de sus hijas y que estado su salud es crítico.

Una princesa de Arabia Saudita suplicó al rey Salman ser «liberada» y denunció su «detención arbitraria» en una cárcel del país, a través de una serie de mensajes publicados en su cuenta verificada en Twitter. «Yo, Basma bint Saud bin Abdulaziz al Saudi, me dirijo a usted, querido tío rey Salman bin Abdulaziz al Saud de Arabia Saudita, custodio de las Dos Mezquitas Sagradas, y a mi sobrino, el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán bin Abdulaziz al Saud», dijo en uno de los mensajes.

La princesa afirmó que se encuentra «detenida de forma arbitraria en la prisión de Al Hair sin que se hayan presentado cargos contra su persona» y alertó que su salud «se está deteriorando a un punto grave que podría llevar» a su muerte. «No he recibido atención médica ni respuesta a las cartas que he enviado desde prisión a la Casa Real. Fui secuestrada sin explicación junto a una de mis hijas y metida en prisión», señaló la princesa.

Por ello, Basma Al-Saud pidió al monarca y al príncipe heredero que «revisen su caso» y «la liberen». «No he hecho nada mal. Mi estado de salud actual es muy crítico», afirmó. El gobierno saudita no se pronunció por el momento sobre los mensajes en la cuenta en Twitter de la princesa Basma, si bien en los últimos años fueron detenidos decenas de destacados miembros de la Casa Real por sus supuestas diferencias con el rey y, especialmente, con el príncipe heredero.

La princesa, de 56 años, es la hija más joven del rey Saud, quien encabezó el país entre 1953 y 1964. Durante los últimos años emergió como una figura en la familia real a favor de asuntos humanitarios y un proceso de reformas. A principios de marzo surgieron informaciones sobre la detención de cuatro príncipes rivales de Bin Salmán, en lo que fue interpretado como una nueva purga de opositores al príncipe heredero tras la que ordenó en 2017.

Entre los detenidos en este caso se encuentran su tío y hermano del rey Salman, el príncipe Ahmed bin Abdulaziz; y el hijo de este último y primo de Bin Salman, Nayef bin Ahmed; también antiguo jefe de la Inteligencia Militar. Asimismo, figuran Mohamed bin Nayef, sobrino del rey, exministro de Interior y antiguo gran aspirante al trono; y Nauaf bin Nayef, hermano menor del príncipe Nayef; en una operación que podría haber afectado, pendiente de confirmación, a decenas de altos responsables del Gobierno.

Tras las detenciones comenzaron a extenderse los rumores de una posible enfermedad del rey Salman, de 84 años de edad, o su inminente abdicación, pero fuentes del Palacio Real aseguraron que el monarca saudí goza de buena salud. Desde el asesinato en el consulado saudí de Estambul del periodista Jamal Khashoggi, la regencia de Arabia Saudí está en el punto de mira de las críticas internacionales, que acusan a Bin Salmán de haber aprobado personalmente la operación para matar al periodista, un crítico del rey y el príncipe heredero. La monarquía saudita rechazó tajantemente estas acusaciones.

Unos 150 miembros de la realeza saudita están infectados por coronavirus mientras el rey se recluye

Los hospitales preparan camas para recibir a un importante número de pacientes VIP en un país cuyas proyecciones de contagios son desalentadoras.

Los médicos del Hospital Especialista Rey Faisal en Riad están preparando 500 camas especiales después de que se informara que unos 150 miembros de la familia real de Arabia Saudita están contagiados por el nuevo coronavirus. Al personal médico, a través de una alerta a la que accedió el diario estadounidense The New York Times, se le dijo que «las directivas deben estar listas para los VIP de todo el país», que reporta al 9 de abril un total de 2.932 casos y 41 muertes.

Como medida preventiva, el anciano rey Salman y su hijo, Mohammed bin Salman, fueron aislados: el jefe de Estado se ha recluido en el palacio de una isla cerca de Jeddah, mientras que el príncipe heredero se ha mudado a un sitio remoto en la costa del Mar Rojo. El ministro de Salud advirtió que el reino enfrenta un «momento crítico» en la lucha contra el virus y que en las próximas semanas se esperan entre 10.000 y 200.000 contagios por el coronavirus SRAS-Cov2, según una proyección basada en cuatro estudios de expertos sauditas e internacionales.

El mensaje recibido por el centro médico de Riad decía que no se sabe exactamente cuántos pacientes recibirán, pero que los crónicos serán trasladados lo antes posible y que solo se aceptarán los casos urgentes más importantes. Cualquier miembro del personal infectado será tratado en un hospital menos elitista para ahorrar espacio para la realeza. El número de príncipes sauditas es de miles y muchos viajan con frecuencia a Europa, donde se ha sugerido que contrajeron el virus antes de traerlo a casa.

Se estima que la familia real saudita tiene unos 15.000 miembros, casi todos descendientes del rey fundador de la monarquía, Abdulaziz Ibn Saud, fallecido en 1953. Su nieto, el príncipe saudí Faisal bin Bandar bin Abdulaziz Al Saud, influyente gobernador de la capital saudita, que tiene más de 70 años, está en cuidados intensivos después de contraer el virus, según The New York Times. El mismo periódico afirma que la mayoría de los miembros de las ramas inferiores de la familia real han sido infectados. La inmensa mayoría de ellos posee mansiones y fincas en Europa.

Enfoque: a las puertas del trono, el príncipe Mohammed consolida su dominio sobre la sucesión saudita

La detención de cuatro príncipes rivales de la casa Al Saud fue el último capítulo de una guerra fraticida que empañó el gobierno del rey Salman.

El rey Salman de Arabia Saudita reapareció en público este domingo 8 de marzo en la recepción de los embajadores de Arabia Saudí ante Ucrania y ante Uruguay. Las imágenes difundidas por la agencia de noticias oficial SPA son la respuesta de la Casa Real a los rumores difundidos principalmente en redes sociales que ponían en cuestión el buen estado de salud del monarca, de 84 años de edad, y dos días después de que varios príncipes y de decenas de altos cargos del Ministerio del Interior y del Ejército fueran detenidos al descubrirse que tramaban un golpe de Estado. Fuentes del Palacio Real aseguran que el monarca saudita goza de buena salud, lo que parece mostrar que las detenciones fueron realizadas con su visto bueno.

El rey Salman cedió en 2017 gran parte de sus poderes a su hijo, el príncipe heredero, Mohammed bin Salmán, que llegó al poder con promesas de reforma y apertura. Ese mismo año decenas de miembros de la familia real, altos cargos y empresarios fueron detenidos en una ofensiva anticorrupción. Más recientemente ha sido acusado de ordenar el asesinato en Turquía del periodista crítico Jamal Khashoggi en 2018. En su último golpe de poder, Mohamed ordenó el arresto de cuatro príncipes del reino árabe en una nueva purga de opositores: entre ellos se encuentran el príncipe Ahmed bin Abdulaziz (hermano del rey), y el hijo de este último, Nayef bin Ahmed, antiguo jefe de la Inteligencia Militar.

Los otros detenidos son el príncipe Mohamed bin Nayef, sobrino del rey, exministro de Interior y antiguo heredero al trono, y Nawaf bin Nayef, hermano menor del príncipe Nayef, en una operación que podría haber afectado también, pendiente de confirmación, a decenas de altos responsables del Gobierno saudí, según informaron los diarios estadounidenses New York Times y Wall Street Journal. El portal de noticias Middle East Eye, de hecho, eleva a una veintena la cifra de príncipes detenidos. Tras las detenciones, Mohammed Bin Salman ordenó a los príncipes del reino que declararan su lealtad hacia él en las redes sociales. Tres de ellos así lo han hecho.

El expríncipe heredero Mohammed bin Nayef, candidato al trono preferido por Estados Unidos, había desarrollado lazos con las agencias de inteligencia estadounidenses durante años. En 2017, dos años después de ser declarado heredero por el rey Salman, fue destituido y se encontraba bajo arresto domiciliario desde entonces acusado de “traición”. Entre los posibles motivos de estas detenciones se encuentra la avanzada edad del rey, por lo que está intentado minimizar el poder de sus posibles adversarios. Sin embargo, ninguno de los detenidos demostró su intención de querer acceder al trono.

Desde el inicio de las detenciones, fuentes del Gobierno saudita aseguran que el príncipe Mohammed actió «tras perder la paciencia» después de escuchar críticas internas a su gestión. “No se espera una transición de poder inminente”, según las fuentes del Times. Las mismas fuentes aseguran que el rey Salman dio a su hijo el beneplácito para efectuar algunos de los arrestos, y que desde la purga que efectuó en 2017, el poder del príncipe heredero sobre todos los estamentos de seguridad es absoluto, y en modo alguno tenía miedo a un “golpe de estado”, como aseguraron algunos rumores que emergieron tras conocerse las detenciones.

“Parece que MBS (Mohamed bin Salman) está acabando con todos los rivales que le quedan”, explicó al New York Times el experto en Arabia Saudí del Royal United Services Institute, Michael Stephens, quien recordó que al príncipe heredero no le resultará tan sencillo justificar la nueva ronda de detenciones como en 2017. Desde el asesinato de Khashoggi en el consulado saudita de Estambul, la regencia de Arabia Saudita está en el punto de mira de las críticas internacionales, que acusan a Mohammed de haber aprobado personalmente la operación para matar al periodista, un crítico de la familia real Al-Saud. El Gobierno, totalmente dominado por hombres de la casa Al Saud, negó tajantemente estas acusaciones. “El problema es que después del asesinato de Jashogi, la confianza en el reino es muy baja, y nadie se va a creer la narrativa oficial”, explica Stephens.

Perfil | Mohammed bin Salman, el poderoso príncipe heredero de Arabia Saudita

El meteórico ascenso entre 2015 y 2017 a la cúpula de Arabia Saudí del joven príncipe ibn Salmán, hijo predilecto del rey Salmán ibn Abdulaziz, siguió una secuencia de tres promociones clave.

Mohammed ibn Salmán ibn Abdulaziz Al Saud, duodécimo príncipe heredero al trono de Arabia Saudí desde 1933, es el primogénito de Salmán ibn Abdulaziz Al Faysal Al Saud, proclamado rey en 2015, y la tercera de sus esposas, la princesa Fahda bint Falah bint Sultán Al Hithalayn. Quien se encuentra entre el, aproximadamente, millar de nietos y nietas tenidos por el monarca fundador del Estado en 1932, Abdulaziz ibn Abdulrahman Al Faysal Al Saud, más conocido simplemente como ibn Saud (1875-1953), tiene cinco hermanos biparentales de menor edad, los príncipes Turki, Jalid, Nayif, Bandar y Rakán, y además tuvo -puesto que algunos ya están fallecidos- siete hermanos y hermanastras, concebidos por el entonces príncipe Salmán con sus dos primeras esposas, Sultana y Sarah: los príncipes Fahd, Ahmad, Sultán, Abdulaziz, Faysal y Saud (el hijo único de Sarah), y la princesa Hussa. La diferencia de edad, 50 años, entre Mohammed y su padre es tan acusada que este bien podría ser su abuelo.

Dentro del linaje, densamente ramificado, de los Saud, Mohammed ibn Salmán, nacido en 1985 (dato que solo iba a saberse en 2015 y como una revelación de la cadena de noticias saudí Al Arabiya, pues hasta entonces, a falta de una aclaración en su biografía oficial, se había creído que era hasta cinco años mayor), no era más que uno de los muchos retoños de las generaciones principescas más recientes. Su mera condición de nieto del patriarca ibn Saud le aseguraba, a poco que mostrara capacidades, una posición eminente, bien en el servicio público del Estado, bien en el sector privado, pero en modo alguno parecía destinado a heredar el Reino en un futuro presumiblemente lejano. Sin contar a sus numerosísimos primos, el joven tenía varios hermanastros que le hacían sombra, precediéndole para cualesquiera opciones regias simplemente por una cuestión de edad. Sin embargo, una tortuosa secuencia de accidentes vitales -es decir, defunciones- y movimientos estratégicos realizados por su padre iba a desembocar en su encumbramiento, el último antes de la entronización, en 2017 a la improbable edad de 31 años.

En julio de 2001, cuando Mohammed tenía 15 años y el cabeza del Estado era el rey Fahd ibn Abdulaziz, hermano, dentro del conocido como clan Sudairi, del príncipe Salmán, a la sazón gobernador de Riad, y por tanto tío carnal del muchacho, su hermanastro 30 años mayor, Fahd ibn Salmán, falleció a causa de un infarto de corazón a la edad de 46. Fahd, un apasionado de la cría y las carreras de caballos, era un príncipe multifacético, involucrado por igual en las tareas del Gobierno, la empresa privada y las actividades caritativas. Otro deudo de esta progenie, Ahmad, con un perfil similar, murió también prematuramente, con 43 años, y en idénticas circunstancias, un fallo cardíaco, en julio de 2002. Los siguientes hermanastros mayores de Mohammed, Sultán, Abdulaziz y Faysal ibn Salmán, eran asimismo unos príncipes destacados por diferentes motivos: el primero, coronel de la Real Fuerza Aérea Saudí, había volado en 1985 en el trasbordador espacial de la NASA, convirtiéndose así en el primer astronauta árabe y musulmán; el segundo servía como viceministro de Petróleo y Recursos Naturales; y el tercero fungía de presidente del Grupo de Investigación y Marketing Saudí.

Continuando la tradición familiar, Mohammed adquirió una titulación superior en la Universidad Rey Saud de Riad. En su caso, se graduó en la especialidad de Derecho, tras lo cual se desenvolvió en el mundo de los negocios durante una temporada. En 2008 el príncipe tomó como esposa a una pariente de la vasta familia real, la princesa Sarah bint Mashoor ibn Abdulaziz Al Saud; a fecha de 2017 la pareja tenía tres hijos. En diciembre de 2009, en el quinto año del reinado de su tío, Abdullah ibn Abdulaziz, Mohammed, con 24 años, se puso al servicio directo de su padre en calidad de asesor especial del Gobierno de la Región de Riad, función consultora que hizo extensible a la Comisión de Expertos adjunta al Gobierno Real Saudí. Fue el principio de una acumulación de títulos y cargos oficiales que en una primera etapa tuvieron un cariz más que nada protocolario. Estaba también la dimensión filantrópica, presente por ejemplo en el establecimiento de la Fundación Príncipe Mohammed ibn Salmán ibn Abdulaziz, dedicada a financiar la formación académica y profesional de jóvenes con talento.

Ahora bien, sus primeras responsabilidades con incidencia en la política nacional no se le hicieron esperar a Mohammed, prácticamente un jo a las órdenes de los poderosos, aunque ancianos y frágiles de salud, príncipes que cvenonformaban la gerontocracia saudí. Los movimientos en el vértice familiar empezaron en octubre de 2011 al producirse la defunción del príncipe heredero y primer viceprimer ministro desde 2005, así como ministro de Defensa desde 1963, Sultán ibn Abdulaziz, uno de los siete hermanos Sudairi. Sultán sucumbió a un cáncer de colon a los 85 años de edad en el hospital de Nueva York donde estaba ingresado. Entonces, el nuevo príncipe heredero o de la Corona y número dos del Gobierno paso a ser su hermano menor Nayif ibn Abdulaziz, hasta la fecha la tercera personal del Reino en tanto que ministro del Interior, cargo que retenía, y viceprimer ministro segundo, mientras que los puestos de ministro de Defensa y segundo viceprimer ministro pasaron, en noviembre, al otro hermano sobreviviente, Salmán.

La cercanía de Mohammed a los altos procesos decisorios de Palacio se estrechó en junio de 2012 al morir su tío Nayif, otro príncipe achacoso, a los 77 años. De nuevo, operaron las mudanzas gubernamentales y sucesorias impuestas personalmente a la familia real por el rey Abdullah, que en esta ocasión supusieron la proclamación de su hermanastro Salmán como príncipe heredero, el tercero en menos de un año, y primer viceprimer ministro. El hecho de que las largas convalecencias en el extranjero de su tío Abdullah, golpeado por las dolencias seniles, dejara a su padre como el primer ministro de hecho en Riad fortaleció la imagen de Mohammed como uno de los principales notables del Reino.

Ya en los últimos años del reinado de Abdullah el príncipe heredero Salmán, investido de las atribuciones propias de un regente, propició una serie de cambios palaciegos que, contemplados en retrospectiva, resultan bastante esclarecedores de sus planes con respecto a su hijo favorito, cuya acusada juventud no dejaba de llamar la atención. El 2 de marzo de 2013, al mes de colocar Abdullah a su hermanastro Muqrin, otro de los 36 hijos varones de ibn Saud que habían llegado a adultos y hasta el año anterior director general de la Inteligencia General del Reino, la Mujabarat, en la posición de viceprimer ministro segundo del Gobierno, Mohammed pasó a ser el jefe de la Corte del Príncipe de la Corona en sustitución de su primo el príncipe Saud ibn Nayif, quien se hacía cargo del Gobierno de la Provincia Oriental. El 27 de marzo de 2014 Abdullah nombró a Muqrin «vicepríncipe heredero», título que hasta ahora no se había empleado de manera oficial y el 25 de abril siguiente, no por casualidad, ascendió a su sobrino Mohammed al rango de ministro de Estado, luego miembro del Gobierno.

El previsible deceso del rey Abdullah acaeció en Riad el 23 de enero de 2015, como el fatal desenlace de una infección neumónica contraída semanas atrás. El sexto monarca de Arabia Saudí tenía 90 años al morir. De manera automática, Salmán, a los 79, asumió la Corona y los títulos y cargos anexos a la persona del soberano, principalmente los de Custodio de las Dos Mezquitas Santas (las de La Meca y Medina) y primer ministro. Una vez entronizado, Salmán se apresuró a nombrar a sus más estrechos colaboradores. La cascada de decretos se produjo el mismo 23 de enero. El hermanastro Muqrin, con 69 años, accedió a las condiciones de príncipe de la Corona y primer viceprimer ministro. El nuevo vicepríncipe heredero y viceprimer ministro segundo pasó a ser Mohammed ibn Nayif, hijo de 55 años del fallecido Sudairi Nayif ibn Abdulaziz y ministro del Interior desde noviembre de 2012. Por primera vez en la historia de este país fundado y gobernado por la familia Saud como su coto patrimonial, en la línea de sucesión regia había un príncipe que no era hijo, sino nieto de ibn Saud.

A partir de entonces, la confianza del rey Salman en su joven hijo no hizo más que acrecentar. El 29 de abril de 2015, el monarca provocó la sorpresa general al ejecutar una nueva remodelación de envergadura en la cúpula del Reino. Con su laconismo habitual, Palacio anunció que Muqrin ibn Abdelaziz «renunciaba» a ser el número dos, condición que únicamente había ostentado durante tres meses, y que las posiciones de príncipe heredero y primer viceprimer ministro eran transferidas a Mohammed ibn Nayif, quien continuaba como ministro del Interior. La consecuencia automática de la promoción del sobrino del rey era el nombramiento por éste de Mohammed ibn Salmán como nuevo vice-príncipe heredero y viceprimer ministro segundo. Ahora, el hijo del monarca, más allá de sus vastas atribuciones gubernamentales, ya era oficialmente un eslabón en la línea de sucesión.

El emir de Dubai habría negociado la boda de su hija de 11 años con el futuro rey saudita, de 35

Esta fue, según los abogados de la princesa Haya de Jordania, la razón clave por la que huyó de Dubai al Reino Unido en 2019.

Ante el tribunal que dirime su caso en Londres, la princesa Haya Al Hussein de Jordania aseguró que su esposo, el emir de Dubai, comenzó las negociaciones para organizar el matrimonio de su hija menor, la princesa Al-Jalila de 11 años, con el príncipe heredero de Arabia Saudita, de 35 años, siguiendo una práctica tradicional entre las monarquías de Oriente Medio, en la que reyes y emires “ofrecen” a sus hijas a otros gobernantes con el fin de mantener la amistad política. Esta fue, según confirmó Haya de Jordania, la razón clave por la que huyó de Dubai al Reino Unido.

El tribunal escuchó a los abogados de Haya afirmar que el emir supuestamente discutió los arreglos para obligar a su hija menor a casarse el príncipe en febrero de 2019 con el príncipe saudita, conocido como “MBS”, hijo y heredero del anciano rey Salman y gobernante de facto del reino desde 2017. El joven príncipe es fuertemente sospechado de haber ordenado el asesinato del periodista del Washington Post, Jamal Khashoggi, en 2018, y en enero de este año fue acusado de hackear el teléfono del hombre más rico del mundo, Jeff Bezos, propietario de Amazon.

El futuro rey saudita, de 34 años, que ya tiene una esposa, estaba entonces en el centro de la indignación internacional después de que se le culpó por el horrible asesinato de Khashoggi dentro del consulado saudí en Estambul en 2018. El emir negó enérgicamente las afirmaciones de Haya, su sexta esposa. “Ninguno de sus hijos ha sido forzado al matrimonio o comprometido a esta edad. Nunca ha habido un plan así”, dijo uno de sus abogados en Londres.

El 7 de febrero de 2019 Mohammed al Maktoum se divorció de la princesa Haya siguiendo la norma islámica más estricta: el marido anuncia que la repudia sin necesidad de que la esposa conozca la situación. Dos meses más tarde, la princesa Haya de Jordania escapó de Dubai con sus hijos, Jalila y Rashid. Por precaución, sin embargo, el Tribunal Superior británico encargado de decidir sobre la custodia de los niños inicialmente otorgó una “orden de protección matrimonial forzada” para proteger a Jalila y dejarla al cuidado de su madre en tanto comenzaba la presentación de pruebas en contra del emir.

En los primeros días de marzo, después de varios meses de audiencias, el juez dijo que las afirmaciones de la princesa Haya se basaron en “rumores” que no cumplían con el estándar de prueba requerido, y agregó: “No encuentro, en estas circunstancias, que esta acusación esté probada”. El caso, sin embargo, despierta grandes temores sobre lo que podría suceder con la princesa Jalila si la corte británica decide que regrese a Dubai al cuidado de su padre, ya que en los últimos años se conocieron detalles sobre las angustiantes situaciones que sufren sus hermanas Shamsa y Latifa (hijas de otras esposas del emir), que intentaron escapar sin éxito de Dubai y acusaron a su padre de mantenerlas en confinamiento bajo amenazas y maltratos constantes.

Acoso, amenazas y secuestros

La sentencia condenatoria del Tribunal Superior, que sigue a una prolongada batalla por la custodia de los hijos entre el emir y su esposa más joven dice que el monarca secuestró a dos de sus hijas antes de emprender una aterradora campaña de intimidación y acoso contra su ex esposa después de que tuvo una aventura con un guardaespaldas británico, lo que podría significar que violó la ley penal inglesa y los «derechos humanos aceptados». Según el abogado de Haya, Sir Andrew McFarlane, el multimillonario jeque dubaití “utilizó sus poderes muy sustanciales a su disposición” para secuestrar a la princesa Shamsa durante unas vacaciones familiares en Inglaterra en 2000, y detener a la princesa Latifa, de 32 años, en Dubai en contra de su voluntad cuando intentó huir en 2002 y 2018. A su juicio, Sir Andrew dice que las acusaciones de Haya “se reducen a tres reclamos: el emir “ordenó y orquestó” el secuestro ilegal de Shamsa de Gran Bretaña, organizó dos veces el “regreso forzado” de Latifa a la casa familiar antes de privar a las dos mujeres de su libertad y lanzar una campaña de acoso el año pasado contra ella.

El abogado también dijo al Tribunal Superior que podría haber habido un complot para encarcelar a Haya, la hija del difunto rey Hussein de Jordania, en un «Awir», una cárcel, en los meses previos a su huida. Con respecto a la supuesta sustracción de las dos hijas, Sir Andrew escribió: “Descubrí que el padre actuó como lo hizo con respecto a Shamsa y Latifa, y descubrí que continúa manteniendo un régimen por el cual estos dos jóvenes las mujeres se ven privadas de su libertad, aunque dentro del alojamiento familiar en Dubai”. Añadió: “Sobre esa base, la afirmación de que Shamsa ha sido privada de su libertad durante muchas, si no todas, las últimas dos décadas, viviendo en circunstancias como la descrita por Latifa, está comprobada”.

Sir Andrew señaló al tribunal cuán “extraordinario” es hacer “hallazgos de alto nivel” sobre un gobernante de un estado federal de los Emiratos y el jefe del gobierno de los Emiratos Árabes Unidos sobre las afirmaciones de una “campaña sostenida” contra una ex esposa y princesa. “Además, el padre es una persona que visita regularmente el Reino Unido y tiene importantes hogares en Inglaterra. Se dice que tanto él como la madre mantienen relaciones respetuosas y amistosas con la familia real británica. Es un hombre de prominencia internacional cuya posición y posición internacional justifican un alto nivel de respeto”, afirmó. (S.C.)

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