Quién es quién en la realeza: Astrid de Bélgica, la soñada “reina” de los belgas, cumple 60 años

Trabajadora incansable por causas justas, la hija de Alberto II y Paola sonó como posible sucesora del rey Balduino cuando la popularidad de su hermano Felipe estaba por los suelos.

La princesa Astrid es uno de los miembros más populares y respetados de la familia real de Bélgica, sobre todo por su labor en el marco económico y cultura del país. Al igual que sus hermanos, realiza giras internacionales presidiendo comitivas económicas belgas para establecer relaciones comerciales con países en vía de desarrollo y muchos años atrás estuvo en la mira de la opinión pública al ser la favorita de los belgas para ocupar el trono y convertirse en la primera reina de Bélgica por derecho propio, después de su tío Balduino I.

De nombre completo Astrid Joséphine-Charlotte Fabrizia Elisabeth Paola Marie, vino al mundo el el 5 de junio de 1962 como la segunda hija de los entonces príncipes de Lieja, Alberto, hermano menor del rey Balduino, y Paola, noble de origen italiano, los cuales habían contraído matrimonio el año anterior. Antes que ella, que en el momento de su nacimiento adquirió la condición de Princesa de Bélgica con tratamiento de alteza real, nació el príncipe Felipe -actual rey- en 1960, y un año después que Astrid nació el príncipe Laurent.

De los tres, la primero en casarse, antes de que los padres cambiaran la condición principesca por la real, fue Astrid. Su boda el 22 de septiembre de 1984 con el archiduque Lorenz d’Aviano, cabeza de la Casa Archiducal de Austria-Este, reunió a un sinfín de príncipes y princesas euroepas en Bruselas y la convirtió en Archiduquesa de esta casa de Habsburgo con los tratamientos de Alteza Imperial y Real.

Astrid y Lorenz dieron a Alberto y Paola sus primeros nietos: Amadeo (1986), María Laura (1988), Joaquín (1991) y Luisa María (1995), a los que posteriormente iba a sumarse Leticia María (2003). Todos ellos son Archiduques de Austria-Este y Príncipes de Bélgica y ocupan un puesto en la sucesión al trono. Astrid tiene, además, dos nietos.

El hecho de que los reyes Balduino y Fabiola no tuvieran hijos colocó al padre de Astrid al frente de la línea sucesoria, pero sólo sobre el papel. En la década de los ochenta la opinión pública se convenció de que Alberto, que ya era cincuentón y había arrastrado una imagen de cierta indolencia mundana o de desapego a las obligaciones institucionales, terminaría renunciando a sus derechos sucesorios, probablemente en favor de su vástago mayor, con el que las relaciones en público, empero, no destacaban por su calidez.

En efecto, el discreto príncipe Felipe, cuya personalidad era descrita como introvertida y lacónica, quizá insegura, muy diferente al carácter de su padre cuando tenía su edad, venía recibiendo una instrucción tal que sugería su preparación para convertirse en el sucesor directo de su tío cuando llegara el momento. Pero también podría estar pensándose en su hermana Astrid, tal como sugirió la abolición de la ley sálica en 1991. Esta nueva regla modificó el orden sucesorio, ubicando a Astrid por delante de su hermano menor y después de Felipe, lo que aumentó las chances -y las esperanzas de muchos belgas- de convertirse en la primera mujer que ocupa el trono de los Sajonia-Coburgo.

Cuando el rey Balduino murió en 1993 hubo un momento de confusión cuando los diarios comenzaron a mencionar a Astrid como la posible nueva heredera del trono en detrimento de Felipe, pues al fin y al cabo era la favorita de Alberto (el nuevo rey) y la más popular de la familia real. Los belgas sabían que sería muy difícil sustituir a Balduino, un hombre que había llegado a una profesionalidad y a un rigor en el ejercicio de su trabajo de difícil parangón entre sus pares. Paralelamente, Felipe a los 33 años aún no estaba casado y al parecer no se había mostrado interesado en asumir su destino real.

La princesa Astrid siempre demostró especial preocupación por aquellos en la sociedad que corren el riesgo de caer a través de redes de abuso, violencia y trata de personas, y apoya iniciativas que ayudan a las personas desfavorecidas, en particular a las madres solteras y a las personas que carecen de educación y habilidades. Su amplio currículum incluye la membresía honoraria del Comité Paralímpico Internacional (IPC), presidenta honoraria de la organización benéfica Action Damien / Damiaanactie, cargo en el que sucedió a la reina Fabiola, Presidenta Honoraria de la Fundación Médica Reina Elisabeth y de los Fondos Científicos y Médicos de la Fundación Rey Balduino, estas dos destinadas a apoyar la investigación médica fundamental.

Astrid también está involucrada en la lucha contra las epidemias y pandemias, como Representante Especial de la Alianza Roll Back Malaria (RBM), y enfocó sus esfuerzos por combatir las minas antipersonal como Enviada Especial de la Convención de Prohibición de Minas Antipersonal de Ottawa, liderando un grupo de trabajo encargado de promover el tratado a nivel diplomático en los estados que aún no lo habían hecho. Unido. La princesa Astrid se incorporó a las Fuerzas Armadas belgas el 22 de mayo de 1997 y es coronel de la Unidad Médica.

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Delphine de Bélgica ocupará un rol secundario en el futuro de la familia real, según informes

Si bien ha sido invitada a presenciar el desfile militar de la Fiesta Nacional por primera vez desde su reconocimiento como hija de Alberto II, la princesa Delphine de Sajonia-Coburgo conservará un lugar secundario dentro de la familia real y no se espera que esto cambie a corto plazo, según informes de la prensa belga.

La princesa Delphine ahora es completamente parte de la familia real, aunque su papel será diferente al de Astrid y Laurent”, escribe el periodista Wim Dehanschutter. El cronista real del diario Het Nieuwsblad asegura que si bien su presencia en la fiesta nacional es “una señal importante”, el futuro papel de Delphine en la familia real “seguirá siendo limitado”.

La Fiesta Nacional será la tercera vez que la princesa Delphine se reúne con miembros de la familia real desde que la Justicia le reconoció su derecho a titularse princesa, poniendo punto final a la disputa que comenzó en 2013.

El próximo 21 de julio, la princesa Delphine compartirá la tribuna real con el rey Felipe y la reina Matilde, pero estará ubicada después de sus hermanos, el príncipe Laurent y la princesa Astrid. La princesa Delphine asistirá con su pareja, Jim O’Hare, pero no la acompañarán sus hijos, Joséphine y Oscar, que recibieron el título de príncipes tras el reconocimiento de su madre en octubre de 2020.

Desde su reconocimiento en la corte a principios de octubre de 2020, se le han abierto las puertas en Laeken”, recordó el cronista. Pero pese a esto, “Delphine solo jugará un papel pasivo en la monarquía belga en el futuro”. “A lo sumo, aparecerá en eventos familiares públicos. En febrero ya asistió a un servicio conmemorativo de la familia real en la cripta de Laeken”, aseguró.

El periodista remarcó que el estatus real de Delphine “es diferente al de la Princesa Astrid y el Príncipe Laurent, quienes realizan actividades oficiales durante todo el año y reciben una donación por ello”. Y recordó: “Las apariciones públicas con las que la nueva princesa ha estado en los medios de comunicación en los últimos meses, no lo hizo en nombre del palacio real, sino como persona privada”.

Habiendo pasado toda su vida fuera del ojo público, Delphine manifestó tras su reconocimiento como hija de Alberto II que seguiría su vida como era, más allá de su título real. “Delphine, que no recibe una donación, continúa haciendo lo que hizo antes de su reconocimiento: hacer arte”, dice Wim Dehandschutter.

“Ahora también se ha añadido una línea de ropa: vende vestidos por 1.550 euros. Según nuestra información, Delphine no llevará su propia creación el 21 de julio. No quiere dar la impresión de que utiliza la fiesta nacional como medio para promover sus actividades comerciales”, finalizó.

Monarquias.com

Cada vez más ciudadanos piden al rey de Bélgica abrir sus jardines al público durante la pandemia

Los jardines del Castillo de Laeken se están convirtiendo en el centro de una creciente controversia sobre los privilegios de la familia real en tiempos de necesidad.

Los habitantes de Bruselas anhelan espacios abiertos en esta época de restricciones pandémicas, y a menudo terminan en parques urbanos superpoblados donde el distanciamiento social es imposible.

La familia real de Bélgica, sin embargo, tiene un jardín extenso y exuberante en el centro de la ciudad, casi del tamaño de Mónaco, conocido como el Dominio Real de Laeken.

Por esto, no es de extrañar que cada vez más belgas pidan que el rey Felipe I abra parte del jardín de su palacio al público. “Casi nunca entran allí. ¡Vamos! Esos jardines están simplemente vacíos”, se quejó un historiador de Bruselas y ex miembro del Parlamento Europeo, Luckas Vander Taelen.

Los jardines del municipio de Laeken en Bruselas, además, están rodeados por algunos de los vecindarios más densamente poblados, deteriorados y empobrecidos del país, llenos de muchas familias que carecen de fondos para viajar a entornos más verdes.

“La vegetación da ansias de vivir, especialmente cuando estás apretujado en un pequeño apartamento con una familia extensa”, dijo la trabajadora social de Laeken Saliha Mahdi. “Entonces, la gente local quiere un parque aquí mismo porque no tienen los medios para pagar el transporte”.

“La gente realmente necesita espacios, espacios públicos para relajarse, tomar algo de oxígeno, jugar, reunirse”, dijo la legisladora de Bruselas Hilde Sabbe, que se encuentra detrás de la propuesta para abrir los jardines de Laeken al público.

En Bruselas, la mayoría de la gente no tiene jardín. No tienen terraza. No tienen balcón. Así que tienen que ir al parque, si hay uno que encontrar”, dijo Sabbe. En ese sentido, hacer que parte del parque real esté disponible para el público marcaría una gran diferencia. “¿No podrías dejarlos entrar?”, dijo Sabbe al rey.

Sin embargo, como ocurre con todas las cosas aparentemente simples, es mucho más complicado.

Lea además: Bélgica podría abrir el parque del castillo de Laeken porque “no hay suficientes espacios verdes”

Cuando se trata de propiedad real, existe un laberinto de complejidades legales con vínculos tanto con el estado como con la familia real. La estructura institucional de Bélgica, con autoridad a veces superpuesta entre ciudad, región y nación, haría que la gestión de cualquier parque abierto fuera aún más compleja, explicó The Associated Press.

En un sentido más práctico, el palacio debe permanecer seguro, no solo porque el jefe de estado reside allí, sino también porque los jefes de estado y de gobierno lo visitan cuando pasan por Bruselas para viajes a la OTAN o la Unión Europea.

Además, un siglo de aislamiento del mundo exterior convirtió al parque real en un área natural que necesita protección de las masas. “Mi temor es que si abrimos este espacio, nuestra presencia, tal vez un poco prematura, perturbe la naturaleza”, dijo Celine Vandeuren, una vecina de la zona.

Sabbe no está de acuerdo y dice que podría haber una solución fácil para abrir parte del parque de 460 acres. Tiene fe en el rey Felipe, de 60 años, que constantemente se está haciendo un nombre como uno de los más progresistas de los monarcas que reinaron en Bélgica desde 1830.

Para el historiador Vander Taelen, sin embargo, la solución es una obviedad para el rey. “Sería muy positivo para la Casa Real demostrar que existe un vínculo con la ciudad”, dijo. “Quizás lo más importante es si se solidarizan con las necesidades de su gente, de su ciudad”.

Paola de Bélgica hablará «sin tabúes» en un documental sobre su vida

La reina Paola de Bélgica, esposa del ex rey Alberto II y madre del rey Felipe, contará la historia de su vida “llanamente” y “sin tabúes” en un documental que emitirá próximamente la cadena pública belga RTBf.

El proyecto promete ser “el primer documental que esboza la historia completa e íntima de la reina Paola”, reflejando la infancia de Paola en Italia y su vida adulta como princesa de Lieja y posteriormente reina de Bélgica.

“Es la primera vez que habla de manera tan extensa”, informó el diario Nieuwesblad. “Paola, que pasó por una crisis matrimonial con Alberto y tuvo que aprender a vivir con su hija ilegítima Delphine, quiere hablar ‘en interés de la historia’”.

La reina madre también hablará de la crisis matrimonial que sufrió en los años 60 y 70 y la existencia de Delphine Boel, la hija que Alberto tuvo con su amante, la baronesa Sibile de Selys-Longchamps.

Según el periodista belga Wim Dehandschutter, el palacio real confirmó la noticia pero “no está involucrado en la producción”. “Los planes se han filtrado porque el fondo de cine Brussels Screen ha concedido una ayuda económica de 15.000 euros”, explicó el cronista real de Nieuwesblad.

El citado periódico informó que la grabación se extendió durante 10 días y se realizó tanto enel Chateau de Belvédère, la residencia de Paola en Bruselas, como en su retiro campestre en el sur de Francia.

Bélgica podría abrir el parque del castillo de Laeken porque “no hay suficientes espacios verdes”

Parlamentarios de los partidos mayoritarios de la capital belga quieren abrir al público 186 hectáreas de los jardines reales, lo que equivale a 250 campos de fútbol. Afirman que hay urgencia por la pandemia.

Los partidos mayoritarios del Parlamento de Bruselas, capital de Bélgica, presentaron una propuesta para abrir parcialmente al público el Parque Real de Laeken, que forma parte de la residencia de los reyes belgas.

La población de Bruselas ha estado pidiendo espacios verdes más accesibles”, dijo la cadena VTR. “Mientras que la población de Bruselas anhela más vegetación, el parque de Laeken con sus 186 hectáreas no es accesible”.

Según la parlamentaria Hilde Sabbe, “hay una gran falta de espacio al aire libre para los residentes de Bruselas. Tienen muy pocos espacios verdes públicos para relajarse».

«Mientras que en Laeken hay un gran pulmón verde detrás de los muros del palacio, que podemos abrir al público», explica Sabbe a The Brussels Times.

“En general, Bruselas está bien equipada con espacios verdes, pero estos están distribuidos de manera desigual y parcialmente protegidos”, explica la prensa belga.

“La apertura parcial del parque Laeken aliviaría inmediatamente la necesidad de una naturaleza más accesible en el vecindario, dada su ubicación central”, argumentaron los políticos.

Otro parlamentario explicó la propuesta: «Ciertamente, en el distrito más pobre de Laeken y en la Zona del Canal, más naturaleza mejoraría mucho la calidad de vida de la gente de Bruselas. Queremos hacer posible ese espacio de encuentro y respiro, respetando la biodiversidad presente».

El Parque Laeken, que circunda el castillo real de Laeken, propiedad del Estado en un 49% y del Royal Trust en 51%, y se supone que es una “institución pública independiente”, lo que significa que no pertenece a la familia real, por lo que el los costos de mantenimiento, de 1 millón de euros anuales, son cubiertos por los contribuyentes.

El Brusells Times explica que el dominio real está actualmente cerrado al público, salvo tres semanas al año en primavera, cuando es accesible durante la apertura anual de sus invernaderos y parte de los jardines. Esta propuesta de apertura se llevó a votación varias veces en años anteriores, pero nunca obtuvo el apoyo de una mayoría.

Restauraron el sitio donde Alberto I de Bélgica murió de forma trágica hace 87 años

Un grupo de voluntarios belgas ayudó a restaurar el sitio exacto donde murió el rey Alberto I en febrero de 1934, en las montañas de Marche-les-Dames, cerca de Namur (Bélgica).

En la noche del 17 al 18 de febrero el rey resbaló desafortunadamente mientras escalaba en Marche-les-Dames y, en el sitio donde su cuerpo fue encontrado, se colocó una gran cruz de piedra en homenaje al rey.

Una semana atrás, con motivo del 87 aniversario de la muerte, que conmocionó a la sociedad belga, circularon en las redes sociales fotos del lugar, que mostraban claramente que estaba completamente descuidado.

En la noche del 17 al 18 de febrero el rey resbaló desafortunadamente mientras escalaba en Marche-les-Dames.

«No se podía ver», dijo Pascal Mathieu de Dilbeek, uno de los voluntarios. «La cruz estaba cubierta de ramas y había más basura que el estacionamiento de una carretera promedio».

Como ex-soldado con gran respeto por la Familia Real, decidió reunir ayuda para restaurar el lugar. «Cuando ves algo como esto, no esperas a que alguien lo limpie, hazlo tú mismo», dijo en declaraciones radiales.

Mathieu hizo invitación en Facebook y pronto encontró algunos voluntarios que se ofrecieron a ayudar a limpiar el lugar.

Mathieu hizo invitación en Facebook y pronto encontró algunos voluntarios que se ofrecieron a ayudar a limpiar el lugar.

“Inicialmente estábamos con un equipo de 3, pero luego hubo 5 personas que habían visto mi llamada en Facebook y que también quisiron ayudar. Trabajamos juntos todo el día. Retiramos las ramas que obstruían la vista. La cruz es visible nuevamente y la basura se ha retirado”.

Patrick Mathieu espera que haya más respeto por el lugar en el futuro.

«Por el momento no hay explicación, ni siquiera hay un letrero con su nombre. Si no sabe que este es el lugar, simplemente pase por él. En el pasado, los autobuses con turistas solían llegar aquí, ahora pasa caminando sin saberlo”, dijo, citado por la cadena belga VTR.

«Colocar una placa conmemorativa con textos en cuatro idiomas no será un problema», dijo Mathieu. «Entonces los transeúntes también sabrán lo que pasó allí».

Delphine de Bélgica se unió a la familia real en un homenaje a sus antepasados reales

La princesa Delphine de Sajonia-Coburgo, recientemente reconocida como hija del ex rey Alberto II de Bélgica, participó junto a su esposo de un sentido homenaje a los miembros fallecidos de la familia real en la Cripta Real de la Iglesia de Nuestra Señora de Laeken.

Después del encuentro con su hermano el rey Felipe, en el Castillo de Laeken, y con el rey Alberto II y la reina Paola en el Castillo de Belvédère, este es el tercer encuentro privado que se hace público desde el reconocimiento oficial de la artista Delphine Boël como Princesa de Bélgica.

Desde el 1 de octubre, fecha en la que el Tribunal de Apelación de Bruselas dictó sentencia, Delphine Boël es considerada hija legítima del rey Alberto II.

La fecha para la reunión familiar, que contó además con la presencia de la princesa Astrid (hermana de Delphine) no fue elegida al azar. El 17 de febrero de 1935 se celebró en Laeken una misa en conmemoración de la muerte del rey Alberto I, quien había muerto accidentalmente en un accidente de montañismo Marche-les-Dames exactamente un año antes.

Tras la trágica muerte de la reina Astrid (madre de Alberto II) el 29 de agosto de 1935, se decidió conmemorar cada 17 de febrero a todos los miembros fallecidos de la familia real.

Se trata de la tercera vez que Delphine se reúne con miembros de la familia real desde que la Justicia le reconoció su derecho a titularse princesa, poniendo punto final a la disputa que comenzó en 2013.

Desde entonces, cada año se celebra una misa en esta fecha en la iglesia de Laeken, a las afueras de Bruselas. Si bien este año no se pudo celebrar misa por las medidas sanitarias, los miembros de la familia real, incluidos la princesa Delphine y su esposo Jim O’Hare, se turnaron para rezar en la cripta.

Esta es la primera vez que la familia real invita a Delphine de Sajonia-Coburgo a esta ceremonia, en un nuevo intento por mostrar una familia unida y reconciliada con el pasado. “La princesa Delphine fue invitada como sus hermanos y hermanas y respondió positivamente”, dijo el director de comunicación del Palacio, Francis Sobry.

Fondos libios congelados: nuevo golpe al reclamo de 44 millones de euros de Laurent de Bélgica

Naciones Unidas rechazó el descongelamiento de fondos otorgados por el gobierno de Muammar Khadaffi a favor de una ONG del hermano del rey Felipe.

El comité de sanciones de Naciones Unidas rechazó descongelar los fondos libios a favor de la deuda a una organización ecológica del príncipe Laurent de Bélgica, deuda que viene reclamando desde hace años.

La información fue difundida este lunes por el diario belga Le Soir, que indicó que el 29 de enero, un comité ministerial envió una notificación a Naciones Unidas con miras al descongelamiento de estos fondos colocados en Bélgica y bloqueados desde 2011 debido a las sanciones internacionales decretadas contra Libia.

La organización sin fines de lucro Global Sustainable Development Trust (GSDT), del príncipe Laurent, exige el pago de 44 millones de euros por un proyecto de reforestación abortado en Libia antes de la Primavera Árabe tras el fallo a favor del Tribunal de Apelación en 2014.

La justicia belga ya había dictaminado en 2014 que el Fondo de Desarrollo Sostenible Global del Príncipe Laurent (GSDT) tenía derecho a recibir los US$ 44 millones que se le adeudan.

“El hermano menor del rey se quejó en varias ocasiones de que no contaba con el apoyo del Estado belga en sus intentos de recuperar esta deuda de las autoridades libias, a diferencia de otras empresas que fueron compensadas”, indica la prensa belga.

La justicia belga ya había dictaminado en 2014 que el Fondo de Desarrollo Sostenible Global del Príncipe Laurent (GSDT) tenía derecho a recibir lo que le adeudan, pero no se tomó ninguna medida en Bruselas.

El anterior gobierno belga se opuso a este descongelamiento y el príncipe, hermano menor del rey Felipe, se sintió discriminado mientras otras instituciones recibieron apoyo en sus intentos de recuperar las deudas del régimen libio.

El actual gobierno decidió dar seguimiento a la solicitud de los liquidadores de la asociación pero no convenció al comité de sanciones.

“A Laurent se le pidió que plantara árboles en el desierto”

El ex líder libio, general Muammar Ghadaffi, ofreció a la ONG del príncipe Laurent un presupuesto de 70 millones de euros por una “fallida aventura”.

“Se suponía que debía plantar árboles en el desierto de Libia, pero la aventura árabe resultó ser un fracaso para el príncipe Laurent. No es culpa suya, dijo en una entrevista con el periódico en francés Le Soir. Dice que se opuso”, explicó a Monarquias.com el periodista belga Wim Dehandschutter.

A Laurent se le pidió que plantara árboles en el desierto. Además de eso, la intención era establecer un jardín botánico donde científicos de todo el mundo pudieran desarrollar técnicas de plantación”, dice el periodista, quien recordó que el príncipe afirmó que su trabajo funcionaría “al 100 por ciento con energía verde” y que tenía la misión de convertir su emprendimiento en “un escaparate de desarrollo sostenible”.

Laurent “lo dejó todo porque le gustó mucho este proyecto” y ahora afirma que ha perdido entre 11 y 12 millones de euros debido a sus fallidas aventuras comerciales en Libia. “Dice que enfrentó años de oposición, por lo que sus proyectos de vida silvestre estaban condenados al fracaso”, explica Dehandschutter.

Cuestionan a los reyes de Bélgica por ampliación de su casa de vacaciones en Francia

Los residentes de la isla de Île d’Yeu cuestionan el permiso de construcción concedido a ‘Philippe Legrand’, el seudónimo utilizado el rey Felipe.

Los residentes de la isla francesa de Île d’Yeu, frente a la costa de Vendée, comenzaron a cuestionar el permiso de construcción obtenido por“Monsieur Philippe Legrand”, el seudónimo que rey Felipe de Bélgica utiliza cuando se va de vacaciones con su familia.

Autoridades cuestionan la ampliación de su casa y alegan que contradice las leyes de 1985 que regulan la construcción en áreas boscosas.

El rey Felipe, la reina Mathilde de Bélgica han estado pasando sus vacaciones en la isla durante varios años y suelen recibidos con los brazos abiertos.

Según el periódico francés Ouest-France, la familia real es propietaria de una casa en una zona boscosa, pero un permiso de construcción otorgado en agosto pasado para la extensión del edificio contradice la ley de 1985 que prohíbe edificios de más de 30 metros cuadrados en áreas boscosas de las regiones costeras francesas.

“El rey Felipe, la reina Mathilde y sus 4 hijos pasaban (una parte de) sus vacaciones de verano en Île d’Yeu, una isla de Francia. La primera vez fue en 2009. En 2013, después de su ascenso al trono, Felipe invitó a un fotógrafo y a un equipo de video a capturar algunas fotos de las vacaciones allí”, relató a MONARQUIAS.COM el periodista belga Wim Dehandschutter.

Felipe y Mathilde alquilaron una casa de vacaciones a una familia belga. Lo que no sabíamos: en 2019, compraron una casa en Île d’Yeu, usando su seudónimo Monsieur et Madamme Legrand”, agregó el experto.

Se trata de una casa de 200 metros cuadrados en una propiedad de 28 mil hectáreas, en el extremo noroeste de la isla. “Está en ruinas e inhabitable. La compra data de 2019, pero la noticia recién ahora se reveló. “Eso tiene sus razones”, dice Dehandschutter.

El rey y la reina quieren renovar su nueva propiedad y ampliarla con un edificio adicional. Las autoridades aprobaron ambos permisos de construcción, pero el líder de la oposición plantea objeciones en el último ayuntamiento”.

Está planeado que el edificio adicional de 40 metros cuadrados se construya en una reserva natural, lo que está estrictamente prohibido por el plan de desarrollo urbano local de Île d’Yeu. La actividad ilegal es sobre la superficie: la dependencia puede tener un máximo de 30 metros cuadrados según las reglas.

“En la práctica, es por tanto 10 metros cuadrados más grande de lo permitido”, explicó el experto.

Se trata de ‘bien público’ porque el edificio es para albergar a los guardaespaldas de la familia real. La prefectura local habría dado luz verde para esto. Esto no altera el hecho de que algunos isleños hablan de ‘un privilegio’”, explicó Ouest-France.

El Palacio Real de Bruselas ha confirmado la compra de la casa vacacional. Está planeado que la dependencia se utilice como alojamiento para los guardaespaldas, que vigilan a la familia real día y noche.

“El Palacio niega que se haya cometido una infracción de construcción. El plan de desarrollo urbano local permite la construcción de ‘equipamientos colectivos de interés general’ en un área protegida”, explicó Dehandschutter. “Las razones de seguridad se encuentran entre las excepciones. Y el rey es un jefe de estado”, remarcó.

Delphine de Bélgica: “Me trataban mal y el día que me reconocieron, la gente cambió”

La princesa Delphine de Sajonia-Coburgo, hija del exrey Alberto II de Bélgica, reconoció haber sufrido el desprecio público durante su batalla por el reconocimiento.

“Me trataban mal. El día que me reconocieron, la gente cambió”. Incluso los círculos nobles “cambiaron por completo” en su trato hacia ella. “Pero eso puede suceder en todos los niveles de la sociedad”, reconoció la princesa en una entrevista concedida al canal de televisión belga LN24.

Delphine, de 52 años, reconoció que “es importante que los hermanos y hermanas sean tratados por igual”, meses después de que su medio hermano, el rey Felipe, la recibiera en su residencia de Laeken. Después fue recibida en el castillo de Belvedere por su padre, el rey Alberto II, y la reina Paola, dos encuentros que calificó como “dos pasos en la dirección correcta”.

Ya sea un hijo ilegítimo o el hijo de un primer matrimonio que no es admitido en una familia recién formada: una persona repudiada es vista sesgada por la sociedad”, dijo.

“Un niño no ha pedido nacer. Por eso es importante que la familia deje claro que es parte de nuestra vida. Para que el mundo exterior también lo acepte. Entonces, la aceptación comienza con la familia, luego sigue la sociedad”, agregó la princesa.

Delphine, nacida en 1968 de la relación secreta entre el entonces príncipe Alberto y la baronesa Sibile de Selys-Longchamps, dijo en el reportaje tener “mucha suerte de tener un hombre que es extremadamente dulce y muy leal”, refiriéndose a su esposo. Además, dijo que es “absolutamente” monárquica pero volvió a aclarar que no quiere dinero del Estado: “Eso no está en mi naturaleza”.

Laurent de Bélgica, cerca de ganar una batalla de su larga guerra con el gobierno

El príncipe Laurent de Bélgica se encuentra un poco más cerca de recibir millones de dólares provenientes del gobierno de Libia que reclama desde hace muchos años. El gobierno belga finalmente tomará medidas para garantizar que su fundación obtenga el dinero, que se invirtió en un proyecto de reforestación que el país norteafricano detuvo abruptamente.

La justicia belga ya había dictaminado en 2014 que el Fondo de Desarrollo Sostenible Global del Príncipe Laurent (GSDT) tenía derecho a recibir los US$ 44 millones que se le adeudan, pero no se tomó ninguna medida en Bruselas. El príncipe, hermano menor del rey Felipe, se sintió abandonado por el gobierno mientras otras instituciones recibieron apoyo en sus intentos de recuperar las deudas del régimen libio.

En comunicación con MONARQUIAS.COM el periodista belga Wim Dehandschutter explica que Laurent, de 56 años, inició su movimiento medioambiental en 2006 en Libia por encargo del entonces líder Muammar Ghadaffi, quien le ofreció un presupuesto de 70 millones de euros por una “fallida aventura”.

Se suponía que debía plantar árboles en el desierto de Libia, pero la aventura árabe resultó ser un fracaso para el príncipe Laurent. No es culpa suya, dijo en una entrevista con el periódico en francés Le Soir. Dice que se opuso”, explicó. El derrocamiento de Ghadaffi, la guerra civil y varios cambios de régimen lo obstaculizaron todo.

Laurent “lo dejó todo porque le gustó mucho este proyecto” y ahora afirma que ha perdido entre 11 y 12 millones de euros debido a sus fallidas aventuras comerciales en Libia”. “Dice que enfrentó años de oposición, por lo que sus proyectos de vida silvestre estaban condenados al fracaso”, explica Dehandschutter.

“A Laurent se le pidió que plantara árboles en el desierto. Además de eso, la intención era establecer un jardín botánico donde científicos de todo el mundo pudieran desarrollar técnicas de plantación”, dice el periodista, quien recordó que el príncipe afirmó que su trabajo funcionaría “al 100 por ciento con energía verde” y que tenía la misión de convertir su emprendimiento en “un escaparate de desarrollo sostenible”.

Todo muy noble, si vamos a creer a Laurent, pero pronto vio la desventaja. El príncipe ha sido amenazado y enfrentado a la corrupción en varias ocasiones, afirma él. Un miembro del séquito de un ministro de Gadafi una vez puso una pistola de 9 milímetros sobre la mesa frente a él, para intimidarlo”, explicó el periodista del Het Nieuwesblad.

En 2010, Ghadaffi rompió unilateralmente el contrato porque, según se alega, el príncipe Laurent se negó a pagar sobornos a algunas figuras importantes del gobierno, incluido un ministro. La justicia belga dictaminó que Libia le debía 50 millones de euros en daños, pero se negaron a pagarle. Laurent escribió una carta al entonces primer ministro Charles Michel para ayudarlo a recuperar el dinero. “Esa solicitud cayó mal en la política belga”, dice el experto.

Según Dehandschutter, Laurent está cansado de los problemas con Libia. “Esto ya me ha hecho un daño indescriptible. Quiero que la gente sepa que hice esto con mi corazón y mi alma. En ese momento incluso estaba buscando un apartamento en Trípoli. Dejo que mis hijos aprendan árabe”, firmó el príncipe, que calcular que su aventura libia le causa unos 150 mil euros anuales en pérdidas.

Hasta el momento, el gobierno de Bélgica no quiso hacer muchos esfuerzos por cambiar esa situación para que la fundación de Laurent recibiera el dinero que le corresponde. Sin embargo, el ministro de Finanzas, Vincent Van Peteghem, informó a una comisión parlamentaria que retirará sus objeciones después, entre otras cosas, de haber consultado con los patronos de la fundación. Le pidió al ministro de Asuntos Exteriores que notifique a la ONU que el desembolso se puede realizar “descongelando” los fondos.

“Atrevida, curiosa, talentosa”: Alberto de Bélgica recordó a su abuela Isabel de Baviera

En entrevista con Paris Match, el exmonarca belga rememoró la figura de la denominada “reina roja”, una mujer apasionada por la música, las ciencias, las artes, los deportes, la vida sana y el comunismo.

La reina Isabel de Bélgica (1876-1965), personaje singular en la genealogía real belga, se ganó el respeto público por haber servido valientemente en la Primera Guerra Mundial, pero levantó cejas el resto de su vida al llevar una vida bohemia, rodeada de artistas, llamada por la música y un reprobable interés por el comunismo.

Habiendo perdido a su madre cuando tenía unos pocos meses de vida, el exrey Alberto II de Bélgica fue tomado bajo la protección de su abuela, a la que ahora recuerda como «atrevida», «intrépida», «curiosa» y «talentosa». Isabel “era una gran amante de la música, que practicaba con talento”, recordó el ex monarca de Bélgica en una entrevista con la revista francesa Paris Match en la que rememoró la figura de su abuela.

Ella quería absolutamente que yo supiera tocar el violín, como ella. La elección no pudo haber sido muy feliz, porque, cuando saqué el instrumento de su estuche frente a mis padres o mis hermanos y hermanas, ¡todos huyeron!”

Alberto II, ahora de 86 años, dijo que su abuela estaba “decididamente orientada hacia el futuro, era bastante poco convencional y no le gustaba volver al pasado”.

“Nunca habló de sus hazañas, ni siquiera de sus actos de valentía o heroísmo durante la Gran Guerra. Y tuvimos muchos problemas para hacerle contar las cosas extraordinarias que había vivido. Como aquellos viajes a Egipto, India, Estados Unidos, África, Oriente, donde había presenciado el fin de un mundo fascinante”.

“Creo que heredé de ella el gusto por la fotografía. Era una excelente fotógrafa y usaba un Rolleiflex. Tan pronto como tuve los medios, me compré uno, para hacer como ella”

Curiosa por todo, por todos, constantemente tenía mil ideas, mil proyectos. Siempre encontró interés en escuchar a los demás, especialmente a artistas y científicos”, dijo el rey. Recordó a su abuela como una dama “cariñosa” a la que “le encantaba bromear”. “Algunos inviernos, cuando el parque estaba cubierto de nieve, esquiamos cuesta abajo desde el castillo hasta los estanques”, recordó.

Definiéndola como una mujer “atrevida y atlética”, Alberto II recordó que su abuela fue una “gran jinete que ostentaba el récord de saltar más de 2 metros en una amazona”. “Fue bastante notable. En ese momento, cuando no se practicaba deporte, también hacía gimnasia, yoga, senderismo, montañismo e incluso golf. Fue ella quien animó a la familia a jugarlo. ¡Ella fue una pionera!”, agregó.

Nacida en la dinastía real de los Wittlesbach del Reino de Baviera, teniendo como tía a la emperatriz ‘Sissi’ de Austria, Isabel hablaba poco alemán y casi nunca hablaba de sus recuerdos en su país natal.

Nunca hablaba alemán, excepto cuando buscaba una palabra, a menudo el título de una pieza musical”, dijo Alberto II. “En el desayuno, que me invitaba regularmente a compartir con ella, tomaba pumpernickel, este pan negro alemán”.

«Mi abuela hacía gimnasia, yoga, senderismo, montañismo e incluso golf. Fue ella quien animó a la familia a jugarlo. ¡Ella fue una pionera!»

“Hija de un médico, conocía muy bien las normas de higiene. Ella dijo que no deberíamos contraer gérmenes, se aseguró de que siempre estuviéramos bien cuidados. Nos habló de personalidades notables que conocía bien, como Albert Schweitzer o Albert Einstein, dos hombres que la admiraban enormemente”, recordó el exmonarca, cuya nieta mayor se llama Isabel en homenaje a la reina.

Alberto II contó al periodista Stéphane Bern que su abuela fue “ciada en la naturaleza” y “una apasionada de las aves”: “Todo le interesaba, especialmente los descubrimientos médicos. Siempre estuvo rodeada de médicos, investigadores. Había por ejemplo un médico belga, Pierre Nolf, a quien le había ofrecido un lugar para realizar experimentos químicos, para encontrar nuevos medicamentos. Él fue quien convenció a mis abuelos de que renunciaran a la carne. Ser vegetariano aún no era común”.

Para Alberto II, la vida intelectual de su abuela era una forma de olvidar las amarguras del pasado. “Sin duda gracias a esto superó el terrible duelo que la golpeó por la muerte de mi abuelo, en 1934. Durante mucho tiempo se aisló en una habitación oscura, negándose a ver a nadie”, recordó. “Luego tuve la suerte de nacer, en junio de 1934. Me pusieron el nombre de pila Alberto, y eso le dio la alegría de vivir, el deseo de empezar de nuevo”, agregó.

«Hija de un médico, conocía muy bien las normas de higiene. Ella dijo que no deberíamos contraer gérmenes, se aseguró de que siempre estuviéramos bien cuidados».

Al final de la entrevista, el exrey belga recordó el interés que la reina Isabel sintió por el comunismo, lo que le valió el apodo de “reina roja”. “Al querer hacer el vínculo entre Oriente y Occidente en medio de la Guerra Fría, incluso mostró originalidad en la política. Ella cruzaba rutinariamente el Telón de Acero hacia Polonia o Moscú, donde conocía a todos los líderes, lo cual era asombroso”, dijo el rey.

El monarca relató: “Un día, cuando China estaba siendo condenada al ostracismo, decidió ir allí para conocer a Mao Tse Tung y su equipo. El gobierno belga estaba consternado. El ministro de Asuntos Exteriores, Paul-Henri Spaak, incluso había ido a buscarla para explicarle que este viaje era absolutamente imposible. Ella lo escuchó con atención durante más de una hora, luego, al dejarlo, le dijo:Ministro, tuve un gran placer en hablar con usted, pero iré a China de todos modos’.

La Hermana Marie-Joséphine: la historia de la princesa monja de Bélgica

Nacida entre reyes, fue considerada enemiga nacional por estar casada con un alemán y pasó muchos años lejos de su familia. Dedicó sus últimos años a la oración y la piedad.

El 6 de enero de 1958, mentras Bélgica está bajo sumergida en los preparativos de la Exposición Mundial en la capital, la hermana Marie-Josephine de la Orden de San Lioba murió en el monasterio benedictino de Namur. Alrededor de la fallecida no solo hay monjas rezando, sino también sus tres hijos. Unos días antes había recibido la visita nada menos que del rey Leopoldo III y de su madre, la reina viuda Isabel.

Y es que Marie-Josephine no era solo una monja, era una verdadera princesa de Bélgica. Nacida el 18 de octubre de 1872 en Bruselas como Josefina, hija del príncipe Felipe de Bélgica y la princesa Maria de Hohenzollern. El padre es el hermano menor del rey Leopoldo II, mientras su madre es descendiente de una familia noble en Alemania. Juntos llevan el título de conde y condesa de Flandes.

Josefina fue la tercera hija de los condes de Flandes, después del príncipe Balduino y la princesa Enriqueta y su hermana gemela que también se llamó Josefina pero murió después de un mes y medio de vida. Tres años después, Felipe y María dieron la bienvenida a otro hijo, el futuro rey Alberto I.

Las princesas Enriqueta y Josefina de Bélgica.

La familia vivía en una residencia señorial en la esquina de Regentschapsstraat y Koningsplein en Bruselas, donde ahora se encuentra el Tribunal de Cuentas. El conde era completamente sordo y mostró muy poco interés en la crianza de sus hijos, tarea que la condesa asumió con ambición. Siguió de cerca la educación (privada) de sus hijos, aunque las cartas de la condesa demuestran que Josefina era inicialmente una estudiante perezosa. Su comportamiento mejoró en 1882 cuando una nueva institutriz francesa entró al servicio real.

La casa del conde y la condesa de Flandes era espaciosa, pero apenas había espacio exterior. Por eso compraron el castillo Les Amerois, cerca de Bouillon, en 1868. La familia se quedaba allí durante semanas todos los veranos, pero el príncipe Balduino y sus hermanas también solían viajar a Sigmaringen, el hogar paterno de la condesa. Allí Josefina pasaba mucho tiempo con el príncipe Karel (Carlos) de Hohenzollern, su primo hermano, con quien se llevaba muy bien.

En 1890 Josefina completó sus estudios y su madre comenzó a prepararla para el matrimonio. Desafortunadamente, heredó una creciente hipoacusia de su padre y sufría muchos problemas de salud, lo que precismente no la convirtió en una novia codiciada. Además, su hermana Enriqueta y un poco más tarde su hermano Balduino desarrollaron una neumonía grave a principios de 1891. Enriqueta se salvó por poco, pero el joven príncipe no sobrevivió, una tragedia para monarquía belga.

Retrato de Josefina con su esposo, Carlos de Hohenzollern.

Ese episodio y su propio defecto físico hicieron que los posibles pretendientes de la princesa Josefina fueran realmente escasos. Al mismo tiempo, seguía soñando con su querido primo Carlos y, al darse cuenta de que no podían detener el romance de los jóvenes, sus padres aceptaron el matrimonio. Los condes de Flandes sentían poca simpatía por el novio, que además de ser hermoso, divertido y educado, era extremadamente vanidoso y avaro.

Una boda por amor

El rey Leopoldo II tampoco se mostró satisfecho con la elección de Josefina y el permiso de su hermano y su cuñada. Anteriormente les había pedido la mano de Balduino como marido para su hija menor, Clementina, pero ellos habían rechazado esa oferta por la principal razón (oficial) de que los dos eran primos hermanos. En el caso de Josefina y Carlos, los condes no se opusieron, lo que el rey Leopoldo interpretó como una traición.

Josefina y Carlos se casaron el 28 de mayo de 1894 en Bruselas. Además de la familia, pocos invitados reales extranjeros asisten a las modestas ceremonias. Después del matrimonio, Josefina quedó embarazada casi de inmediato y en 1895 dio a luz a una hija, Estefanía de Hohenzollern («Mansy»). Un año más tarde, nació otra hija, María Antonieta («Patito») y en 1898 nació su hijo Alberto («Bubi»). En 1907 tienen una hija, Enriqueta, quien murió a los pocos días.

El príncipe Carlos de Hohenzollern tenía una prestigiosa carrera en el ejército alemán y pronto se le abrieron oportunidades de vivir en Potsdam y luego en Berlín, capitales del Imperio. La relación entre Josefina y Carlos pronto mostró grietas, en parte porque ella extrañaba Bélgica y su carácter tormentoso dificultó las relaciones matrimoniales.

En 1909, Carlos y Josefina compraron el Castillo de Namedy cerca de Coblenza (Alemania), adonde se instalaron en 1911 junto con sus niños. Mientras tanto, las nubes de la guerra se ciernen sobre Europa. El rey Alberto I, hermano de Josefina que ascendió al trono en 1909, se llevaba bastante bien con Carlos, lo que le permitió al principio mantenerse informado de las evoluciones militares de Alemania.

Primera Guerra Mundial

Cuando la Primera Guerra Mundial se desata, el rey Alberto I se vio obligado a cortar todos los lazos con Josefina. Después de todo, el príncipe Carlos servía en el ejército del enemigo, el káiser Guillermo II, y la princesa era una von Hohenzollern por matrimonio y, por lo tanto, una súbdita alemana.

La separación de su familia fue difícil para Josefina, más aún porque todavía llevaba a su país natal en su corazón. Comunicarse con su hermana Enriqueta también fue delicado. La princesa estaba casada con el duque de Vendôme, por lo que terminó en el campo de Francia, pero las hermanas logran comunicarse entre sí de vez en cuando a través de contactos diplomáticos.

Mientras Carlos luchaba sucesivamente en Polonia, Galicia y el Frente Yser, Josefina convirtió su castillo en Namedy en un hospital donde ella y sus hijas atendían a los soldados heridos. También trabajó para prisioneros de guerra belgas y diversas historias afirman que ella personalmente trabajó para evitar que muchos de ellos tuvieran que presentarse ante el pelotón de fusilamiento.

El reencuentro con su amado hermano

La Hermana Marie-Josephine en los últimos años de su vida con su sobrino, el rey Balguino.

El Armisticio de 1918 llevó un poco consuelo personal para la princesa Josefina. A principios de 1919, Carlos murió de neumonía y ella quedó sola. Su hermana Enriqueta y su esposo comenzaron a visitarla de nuevo discretamente, pero su hermano Alberto I se mantuvo cauteloso porque los sentimientos anti-alemanes eran grandes en Bélgica.

Después de años de silencio, el rey y Josefina comenzaron a escribirse de nuevo en 1919. En sus cartas la princesa trataba de idear escenarios para encontrarse en el mayor secreto. Primero le propuso ir a Namedy de incógnito, luego el rey tramó un plan por el cual Josefina llegaría a Bélgica “sin grandes pompas” y en un automóvil anónimo y cerrado al Castillo de Ciergnon en las Ardenas.

Finalmente, el rey Alberto y la princesa Josefina volvieron a verse el 20 de mayo de 1922 en Les Amerois, la residencia donde pasaron muchos veranos de su infancia. El reencuentro se llevó a cabo con la máxima discreción y los dos hermanos no solo mantuvieron conversaciones personales en las que se sintieron muy felices, sino que también arreglaron el legado de su madre, María, quien murió en 1912.

En marzo de 1926, Alberto I aceptó una invitación de Josefina para visitarla en Zúrich. La guerra habría terminado hacía más de ocho años, pero ese encuentro también se desarrolló de manera extremadamente discreta. Hubo más encuentros entre el rey y su hermana en el otoño de 1926 y en mayo de 1927.

La Orden de San Lioba

Por esos años, Josefina viajó con cada vez más frecuencia a Roma, donde fue recibida en audiencia por el Papa. Finalmente se trasladó a Friburgo, en Alemania, donde se encontraban las oficinas centrales de las monjas benedictinas de la orden de San Lioba. Josefina había encontrado consuelo y fuerza en su fe y, después de que el rey murió inesperadamente a principios de 1934, ella vio su trágica muerte como una señal divina y toma una decisión drástica: ingresar al monasterio.

Por esa época, la orden de San Lioba comenzó a establecer varias sucursales, incluida una en Coquelet, cerca de Namur, Bélgica. La princesa Josefina vio su oportunidad y le pidió a la Madre Superiora que la enviara allí. Aceptó y el 6 de agosto de 1935, la princesa de Bélgica se puso el hábito, con el nuevo nombre de Marie-Josephine.

Una nueva Guerra Mundial

La Hermana Marie-Josephine en los últimos años de su vida.

Marie-Josephine finalmente se sintió feliz de estar de regreso en su país natal. Sin embargo, no era solo su fe lo que la impulsaba. Cuando vivía en Alemania, fue testigo del auge del nazismo y de la toma del poder de Adolfo Hitler desde la primera fila. Horrorizada las atrocidades cometidas por el régimen, se sintió feliz de jamás haber abrazado el nazismo, como habían hecho decenas de príncipes alemanes.

Cuando la Alemania nazi invadió Bélgica en mayo de 1940, la paz relativa de Marie-Josephine terminó. Siguiendo el consejo de su sobrino, el joven Leopoldo III, huyó junto con las otras monjas hasta Francia, donde permanecieron durante casi dos años. Su salud flaqueó más de una vez y en enero de 1941 recibió los últimos ritos porque todos pensaron que moriría. En 1942 llegó a Suiza, donde permaneció en varios monasterios durante el resto de la guerra.

En el verano de 1945, Marie-Josephine finalmente pudo regresar a una Bélgica irreconocible, devastada por la invasión nazi. El 5 de julio de 1945 se reencontró con su cuñada, la reina Isabel, en el Castillo de Laekenm y pocos días después volvió monasterio de Coquelet. En los años que siguieron, llevó una vida tranquila, alternando las oraciones y el servicio a los necesitados con vacaciones con el resto de la familia real.

Últimos años de vida

Con motivo de su 80 cumpleaños en 1952, la Hermana Marie-Josephine viajó al castillo de Namedy, donde sus hijos y el resto de la familia von Hohenzollern hicieron por última vez una fiesta en su honor. A partir de entonces su salud finalmente fue cuesta abajo y había quedado completamente sorda.

En la primavera de 1957 desarrolló graves problemas cardíacos y ya casi no abandona el monasterio. Poco después del Año Nuevo de 1958, ya no pudo ingerir alimentos y murió el 6 de enero.

Según dejó escrito en sus propios deseos, a la Hermana Marie-Josephine no se le dio sepultura en la cripta real de Laeken, junto a las tumbas de sus antepasados, ni en el mausoleo de la dinastía Hohenzollern, sino en la bóveda funeraria de las monjas de San Lioba en Belgrado, cerca de Namur.

Felipe de Bélgica, nombrado ‘Personalidad del año’: «Volvió a hacer viable la monarquía»

El rey Felipe I de Bélgica fue nombrado como una de las personalidades del año 2020 de su país su papel en la tarea de reparar los errores del pasado de la familia real belga.

Se trata de la primera vez que el rey de los belgas, de 60 años, aparece en la lista de personas destacadas realizada por el diario Het Nieuwsblad, ya que «completó su año más fuerte en el trono belga» y «volvió a hacer viable la monarquía», según el periódico.

El corresponsal de la realeza Wim Dehandschutter explicó que “la cálida bienvenida de su media hermana Delphine (19.215 días después de su nacimiento), las disculpas a la ex colonia belga Congo y sus exitosos trucos para formar un gobierno (494 días después de las elecciones)” fueron los momentos decisivos del rey Felipe durante 2020.

Como príncipe heredero, a veces socavó la existencia continua de la monarquía, como rey resuelto reanima la institución amenazada. ¿Una persona tiene que haber cumplido 60 años para convertirse en un buen rey?”, se pregunta Dehandschutter en diálogo con MONARQUIAS.COM.

En junio, Felipe I expresó su «más profundo pesar» al Congo por el reinado del rey Leopoldo II

“Y pensar que toda su vida fue visto como un torpe, un inepto, una amenaza para la monarquía más que una fortificación. Los belgas parecen comprender gradualmente que Felipe compensa su falta de apariencia con ganas de trabajar y buenas intenciones. Está creciendo en su papel”, agregó el experto.

El cronista recordó que en junio de este año el monarca expresó su “más profundo pesar” al Congo por el reinado del rey Leopoldo II (1865-1909), quien es recordado por su mandato sobre el Estado Libre del Congo, en el que se estima que murieron millones de congoleños al infligir un régimen de violencia y explotación, extrayendo la riqueza del país para su propio beneficio personal.

En una carta al presidente Félix Tshisekedi, el rey Felipe mencionó explícitamente los “actos de violencia y atrocidades que continúan pesando en nuestra memoria colectiva”, incluso en las décadas posteriores a la muerte de Leopoldo II.

En octubre, el rey recibió a su media hermana Delphine de Sajonia-Coburgo en Laeken.

Felipe es, por lo tanto, el primer rey belga que habla de los horrores del pasado. Porque, dice, ‘es hora de aceptar el pasado’”, explicó Dehandschutter. “Su carta a Tshisekedi es un gran paso adelante en la mejora de las relaciones entre Bélgica y su antigua colonia”, agregó.

Otro de los aciertos del año para Felipe fue recibir en su residencia a su hermana, la artista Delphine Boel, quien fue finalmente reconocida como hija biológica del ex rey Alberto II tras una extensa batalla judicial. Como resultado de la sentencia, la artista fue nombrada Princesa, con el apellido dinástico de Sajonia-Coburgo.

El rey “hizo lo que el rey Alberto no pudo hacer durante años e incluso se opuso legalmente”, remarcó el periodista. “Fue una reunión cálida”, escribieron en un comunicado de prensa conjunto, firmado por Felipe y Delphine. “Despojados de sus títulos de Rey y Princesa. Solo se mencionan sus primeros nombres. La sangre los conecta, hermano y hermana”, dijo.

“Delphine y Congo, dos capítulos dolorosos de la historia de la familia real. Dos capítulos que el rey Felipe no escribió él mismo. Pero en el que se encargó de las rectificaciones, con efectos secundarios positivos”, dijo Dehandschutter. Felipe trabajó en su autoridad moral, el arma más importante que todavía tiene un rey”, agregó

El acercamiento del rey Felipe con su hermana menor, Delphine, “fue un rompehielos para el rey Alberto”, quien semanas después la recibió junto a la reina Paola en su Castillo de Belvédere. “Su encuentro con Delphine fue un golpe maestro. Detuvo el programa de malas noticias para la monarquía. Y se presentó, nuevamente, como un cálido hombre de familia”, dice el experto.

¿Volverá Felipe a convertir a los belgas en monárquicos? “Eso puede parecer demasiado trascendente en un país donde más de cuatro de cada diez ciudadanos votan por un partido de mentalidad flamenca (antimonárquicos), pero se puede concluir que Felipe ha vuelto a hacer viable la monarquía”, responde Dehandschutter.

Felipe de Bélgica, en Navidad: “El amor y la amistad pueden salvar cualquier distancia”

El mensaje del monarca a los belgas estuvo cargadas de palabras emotivas y de aliento frente a unos retos que “siguen siendo enormes”. “Pero pronto todo esto terminará y podrás volver a extender tus alas”, dijo a sus súbditos.

El rey Felipe de Bélgica brindó este 24 de diciembre un mensaje esperanzador a sus 11 millones de súbditos en medio de la crisis global del coronavirus. “Este año todo es diferente. Esta noche celebramos la Navidad en nuestra burbuja, o solos. Porque tenemos que mantenernos a salvo. Afortunadamente, el amor y la amistad pueden salvar cualquier distancia”, dijo el monarca en su discurso televisado.

El tema del mensaje navideño de Felipe de Bélgica fue la pandemia, que dejó más de 18.000 muertos en su país, y todos los cambios que esta crisis mundial ha provocado en las vidas de las personas. Felipe, quien ascendió al trono en 2013, recordó a los belgas que los retos siguen siendo enormes, pero que “el fin de la crisis está realmente a nuestro alcance en los próximos meses”. “Podemos hacer nuevos planes gradualmente y tener confianza en el futuro”, dijo.

“Llegará el día en que podremos relacionarnos nuevamente entre nosotros de manera relajada; que los abuelos llevarán a sus nietos en su regazo; que volveremos a iglesia, sinagoga, mezquita y templo sin restricciones; disfrutaremos de un concierto juntos; que volveremos a celebrar, en completa libertad”, dijo el monarca. “Los desafíos siguen siendo enormes, pero el fin de la crisis está realmente a nuestro alcance en los próximos meses”.

Según el rey, los belgas han demostrado ser capaces de hacer frente a esta crisis sanitaria: “Nuestra atención médica ha perdurado, gracias al esfuerzo extraordinario y la dedicación de tantos cuidadores. Luego están todas las personas que mantienen el país en marcha día y noche, al continuar trabajando, administrar sus negocios o continuar brindando servicios públicos simplemente ofreciendo ayuda donde se necesita. Y en los últimos meses el país ha demostrado ser increíblemente generoso. Muchos compatriotas se han ofrecido como voluntarios”, afirmó.

Más que nunca, debemos asegurarnos de que nadie quede excluido”, pidió el rey, quien dijo que la pandemia nos ha hecho conscientes “de que todos somos vulnerables”. “El confinamiento nos da una mejor comprensión de lo que las personas excluidas o solas tienen que soportar. Más que nunca debemos asegurarnos de que nadie sea excluido. Que todos tengan un lugar en la sociedad”, agregó el monarca, de 60 años.

El rey concluyó su mensaje con palabras para los jóvenes, un grupo al que a menudo se ha dirigido directamente en sus discursos: “Sé que estás luchando. Te pedimos mucho y es cierto que tu vida ha quedado paralizada. Pero pronto todo esto terminará y podrás volver a extender tus alas, hacer realidad tus sueños. Y tú nos das inspiración para trabajar juntos por un mundo mejor”.

La apasionante vida de Enriqueta de Bélgica, una princesa contra la tempestad

Su vida fue una sucesión de tragedias en torno a su figura, pero supo sortear la adversidad gracias a su reconocida acción en favor de los desamparados.

Hubo alegría en el palacio en la esquina de la Rue de la Régence y la Place Royale, en Bruselas, el 30 de noviembre de 1870: la condesa de Flandes, cuñada del rey Leopoldo II de Bélgica, dio a luz a dos niñas gemelas. Para la condesa y su marido, el príncipe Felipe, eran su segundo y tercer hijo, tras el nacimiento de un hijo, Balduino, un año antes. Las princesitas fueron bautizadas con los nombres de Enriqueta y Josefina.

El mundo al que llegaron las niñas estaba en un estado de cambio. Francia y Prusia estaban librando una guerra desde hacía pocas semanas, un conflicto que duró hasta la primavera de 1871 y finalmente conducirá a la creación del Imperio de Alemania. Aunque Bélgica no estaba directamente involucrada en los combates, estos tienen un gran impacto en la sociedad del pequeño y joven país, que limita con ambas partes en conflicto.

El certificado de nacimiento de Enriqueta (1870)

Los condes de Flandes también tuvieron que afrontar una nueva realidad en la seguridad de su propia familia. Apenas dos años antes, llevaban una vida a la sombra de su hermano y cuñado, Leopoldo II, que tenía un hijo y heredero al trono, el príncipe Leopoldo. Pero a principios de 1869, sin embargo, el joven príncipe murió repentinamente después de una caída en un estanque. Desde entonces, el futuro de la dinastía recaía sobre los hombros de Balduino, único hijo de los condes.

Las pequeñas princesas recién nacidas estaban inicialmente bien, pero a principios de 1871 llegó otra tragedia: una enfermedad se apoderó de la pequeña Josefina, quien murió repentinamente. Su hermana Enriqueta se salvó. Cuando la condesa de Flandes volvió a dar a luz a una hija en 1872, la niña también se llamó Josefina, en recuerdo de la fallecida. En 1875 le siguió otro hijo, el futuro rey de los belgas Alberto.

La condesa de Flandes mantuvo una relación amorosa y cercana con sus cuatro hijos, muy contra las convenciones de la alta sociedad de la era victoriana. Siguió de cerca la crianza y la formación de todos ellos: todos los días se levantaban a las 7 de la mañana, eran enseñados por profesores privados hasta el mediodía, realizaban una caminata o una visita a un museo o una iglesia y posteriormente volvían a clases hasta las 17.30 horas. Después podían relajarse con un libro o en el piano, y eran libres los domingos y jueves por la tarde.

La condesa de Flandes con sus hijos Enriqueta y Balduino.

La tragedia de Balduino

En su juventud, la princesa Enriqueta se llevó especialmente bien con Balduino, apenas un año mayor que ella. Con frecuencia estudiaban juntos y eran confidentes en una corte opaca en la que no abundaban las alegrías. A los 12 años, la princesa ya era una niña entusiasta y llena de vitalidad, mientras el príncipe era más reservado y reflexivo. Juntos tomaban clases de gimnasia, danza y equitación. Enriqueta también resultó ser una escritora talentosa y pinta acuarelas, dos aficiones que mantuvo a lo largo de su vida.

El 1 de enero de 1891, Enriqueta asistió por primera vez a la recepción oficial de Año Nuevo en el Palacio Real de Bruselas y unos pocos días después enfermó de una neumonía grave y durante un tiempo la familia rezó junto a su cama porque todo el mundo pensó que moriría. Recibió incluso los últimos ritos, pero poco a poco salió de su agonía y, tras permanecer en la cama un buen tiempo, se recuperó por completo.

Un nuevo drama en la familia

Mientras que Enriqueta se recuperaba, un nuevo drama real tuvo lugar en otro rincón del palacio de los condes de Flandes. Balduino, quien oró por su hermana enferma durante noches enteras, contrajo también neumonía pero su salud fue de mal en peor. Surgieron varias complicaciones y el 23 de enero el joven murió, rodeado de sus padres y de Josefina y Alberto. Enriqueta, aún débil en su habitación, permaneció durante varios días en la ignorancia hasta que su familia le contó la terrible noticia.

Enriqueta de niña.

La tragedia de Balduino, heredero aparente del trono, conmocionó a todo el país. El conde y la condesa de Flandes y sus tres hijos supervivientes quedaron desolados y el príncipe Alberto, de 16 años, se convirtió en el primero en la línea sucesoria. Al mismo tiempo, pasados unos meses, la atención de la corte comenzó a centrarse en las princesas Enriqueta y Josefina, que ya estaban en edad de contraer matrimonio y la búsqueda de un marido adecuado fue considerada imperativa.

Pretendientes para Enriqueta

Aunque Josefina es la hermana menor, fue la primera en dejar el palacio de los condes de Flandes. En 1894 se casó con el príncipe Carlos von Hohenzollern, su primo hermano. Enriqueta tenía 24 años en ese momento y para muchos el tiempo se acaba. Durante años había estado enamorada del príncipe francés Philippe, duque de Orleans y primo suyo.

El amor parecía mutuo, pero existía un gran problema: Philippe descendía en línea directa de Luis Felipe de Orleáns, el último rey de los franceses que se vio obligado a abdicar en 1848 y hermano de la reina María Luisa, abuela de Enriqueta. La muerte de su padre también convirtió al joven príncipe en pretendiente al trono francés y jefe de la dinastía.

Las princesas Josefina (izq) y Enriqueta (der).

Leopoldo II se negó rotundamente a aceptar este matrimonio. Francia estaba en manos de la Tercera República y le aterrorizaba ofender a los nuevos gobernantes haciendo que su sobrina se case con el hombre que aspiraba al trono francés. Por lo tanto, el rey lo vetó, para gran pesar de su sobrina.

Los condes de Flandes iniciaron entonces una intensa búsqueda por las cortes europeas con la mayor discreción posible en busca de un príncipe que sí califique. Por un momento pensaron en Leopoldo de Habsburgo, archiduque de Austria y gran duque de Toscana. Cuando presentaron su nombre a amigos cercanos, la reacción fue unánime: no se puede confiar en Leopoldo y es un mal candidato. Más tarde renunciaría a sus títulos, se casaría tres veces y finalmente simpatizaría con los nazis antes de morir en la pobreza.

Una boda largamente esperada

Los padres de Enriqueta volvieron entonces a examinar el árbol genealógico de la casa de Orleans y detuvieron su mirada en el príncipe Emmanuel, duque de Vendôme (1872-1931). El joven también era descendiente del rey Luis Felipe, pero a través de un hijo menor, lo que hacía que su posición fuera políticamente menos controvertida. Por ejemplo, se le permitía ingresar a Francia, a diferencia del duque de Orleáns, que vivía exiliado en el Reino Unido.

Enriqueta con sus hermanos Alberto y Josefina

Los condes de Flandes organizaron varios encuentros “causales” entre su hija Enriqueta y Emmanuel y el romance floreció por la fuerza. Aunque ambos padres estaban a favor del matrimonio, no podían simplemente casarse sin el permiso explícito del rey Leopoldo, quien esta vez no se opuso. La familia real respiró aliviada cuando el rey bendijo el matrimonio.

Enriqueta y Emmanuel se casaron el 12 de febrero de 1896 en la casa paterna de la princesa en Bruselas. A partir de ahora pudo titularse duquesa de Vendôme, y aunque no tenía derecho al trono belga por ser mujer, siempre fue considerada miembro de la familia real. El 31 de diciembre de ese año dio a luz a su primera hija, María Luisa de Orleáns. Más tarde nacieron las princesas Sofía (1898) y Geneviève (1901) y un hijo largamente esperado Carlos (1905). La familia se instaló en un palacio de la ciudad en la rue Pauline Borghèse en Neuilly-sur-Seine, un rico suburbio de París.

Cannes y Wimbledon

La propia Enriqueta no carecía de recursos, pero su matrimonio con Emmanuel la convirtió en una de las princesas más ricas de Europa. Ella y su esposo llevaron una vida lujosa y mundana. En su casa de Neuilly, organizaban recepciones, bailes y otras reuniones que el beau monde y muchos invitados de la realeza se sentían felices de participar.

Enriqueta con su prometido Emmanuel, duque de Vendôme

En los años siguientes, el duque y la duquesa de Vendôme también adquirieron muchas otras propiedades señoriales, como el castillo de Saint-Michel en Cannes, Francia, la casa Belmont en Wimbledon, Reino Unido, y el castillo de Mentelberg cerca de Innsbruck, Austria. Allí también mantienen un estilo de vida resplandeciente.

La tragedia del Bazar de la Charité

Al mismo tiempo, Enriqueta realizó numerosas obras de caridad, impulsada por la bondad de su suegra Sofía, duquesa de Alençon y hermana de la emperatriz Isabel (Sissi) de Austria. El 4 de mayo de 1897 la duquesa de Alençon fue una de las víctimas del desastre del Bazar de la Charité en París, que se incendió ferozmente cuando decenas de señoras y señoritas adineradas estaban vendiendo obras de arte por una buena causa. Aquel día murieron 129 personas, incluida Sophie.

La lujosa vida de los duques de Vendôme se prolongó hasta la Primera Guerra Mundial. En 1909, su estatus creció aún más si cabe: al morir Leopoldo II, su sobrino Alberto I lo reemplazó en el trono, y Enriqueta, que hasta entonces era “sólo” la sobrina del monarca, ahora se convirtió en la hermana del rey. En una ciudad como París, eso le confirió mucho prestigio, pero al mismo tiempo surgieron tensiones con su hermano porque él mismo abogaba por un estilo de vida más modesto, en un intento por refundar una familia que durante el reinado de Leopoldo II estuvo marcada por el despilfarro, la ambición y el libertinaje.

Enriqueta con su hija María Luisa de Orleáns en 1898.

El penoso tiempo de guerra

La Primera Guerra Mundial también tuvo importantes consecuencias para Enriqueta de Bélgica. Su hermana menor, Josefina, princesa Carlos de Hohenzollern, se encontró de repente en el campo del enemigo, porque su matrimonio la convirtió oficialmente en una súbdita alemana. Durante cuatro años, las hermanas apenas pudieron comunicarse entre sí y, si eso ocurría, debía hacerse bajo el mayor secretismo. El rey Alberto no volvió a ver a su hermana Josefina hasta 1922 y la reina Isabel cortó todos los lazos con su familia en Baviera.

A pesar de estas preocupaciones personales, Enriqueta no se rindió y tanto en Wimbledon como en Cannes lideró varias iniciativas para aliviar los sufrimientos de la gente común a causa de la guerra. Belmont House se convirtió en un lugar de encuentro para refugiados de Bélgica mientras su residencia de Cannes fue transformada en un hospital militar donde la princesa asistía personalmente a los soldados heridos.

La guerra fue interrumpida por algunos instantes de felicidad personal. Su hija mayor, María Luisa de Orleáns, se casó con el príncipe Felipe de Borbón-Dos Sicilias en 1916. Un año después tienen un hijo, Gaëtan, primer nieto de la duquesa de Vendôme. En 1923 la princesa Geneviève se casó con el marqués Antoine de Chaponay. Juntos tienen dos hijos: un hijo Pierre-Emmanuel (1925) y una hija Henryanne (1926). La hija menor, Sofía, tenía una discapacidad y nunca se casará.

Enriqueta y su hija Geneviève

Nobleza obliga

Enriqueta y el duque de Vendôme salieron de la guerra bastante ilesos, también económicamente. En la década de 1920 retomaron de a poco y silenciosamente a su antigua vida y realizaron varios largos viajes de placer, incluso al norte de África. Sin embargo, sus hijos los pusieron a prueba con opciones de vida que chocaron con los valores aristocráticos consagrados que ellos mismos aprecian. El matrimonio de María Luisa y Felipe de Borbón se tornó tormentoso hasta que optaron por el divorcio en 1925. Dos años más tarde también logran disolver su matrimonio religioso. A finales de 1928, María Luisa se casó por segunda vez con el estadounidense Walter Kingsland y se marchó a vivir en Estados Unidos.

Esta “vergüenza” familiar fue solo una gota en un mar de escándalo que provocó el único hijo de Enriqueta, Carlos de Orleáns, quien nunca fue aplicado para los estudios ni el trabajo y se aficionó al alcohol. Siguiendo a sus padres, realizó varios viajes en la década de 1920, incluso a Estados Unidos, donde conoció a Margaret Watson («Peggy»), una mujer nacida en Richmond, Virginia, y una socialité de Nueva York. Carlos se enamora de ella y la noticia de la relación cayó como una bomba en la familia real.

Los duques de Vendôme anunciaron que no podrían aceptar una mancha semejante y que jamás considerarían a Peggy como una esposa digna para su hija. Como el heredero de su rama de la casa de Orleans el joven príncipe debía casarse con una mujer de sangre azul o, en su defecto, de los círculos “correctos”. Pese a esto, Carlos y Peggy se casaron primero en los Estados Unidos y nuevamente en París en 1928 para legalizar su matrimonio en Francia. Los duques de Vendôme, furiosos, se negaron a reconocer la unión y, mucho menos, a recibir a Peggy como miembro de la familia.

Enriqueta y su hijo Carlos de Orleáns en 1920.

Caída de la bolsa: una viuda en apuros

El duque de Vendôme nunca se enfrentó a su nuera porque murió inesperadamente en 1931. A partir de entonces, Enriqueta vivió sola y con menos comodidades que antes. A principios de la década de 1920, ella y Emmanuel habían podido comprar el castillo de Tourronde en el lago de Ginebra en la Alta Saboya, pero una vez que enviudó la duquesa de Vendôme se encontró en aprietos económicos.

Esto es en parte el resultado de la caída del mercado de valores de 1929 en Nueva York, que sumió al resto del mundo en una depresión sin precedentes y también afectó seriamente los activos de Enriqueta. Además, había hecho algunas malas inversiones que la arruinaron. Con el corazón roto, tuvo que vender varias propiedades que le son queridas, incluido el palacio de la ciudad en Neuilly, Belmont House y el castillo de Mentelberg.

La muerte de Emmanuel afectó profundamente a Enriqueta. Se despidió de la vida de sociedad y se retiró al castillo de Tourronde, donde siguió pintando con sus acuarelas, pero en colores sombríos. Milagrosamente, encontró un rayo de esperanza en su nuera Peggy, con quien comenzó a encontrarse hasta apreciarla enormemente, en gran parte porque demostró tener una influencia positiva en el príncipe Carlos.

Enriqueta junto al último rey de Portugal, don Manuel II.

Enriqueta encontró un nuevo propósito en la vida: preservar los archivos de la Casa de Orleans para la posteridad. A través de todo tipo de legados, esto terminó en gran parte con Emmanuel y, por lo tanto, con ella. Revisó minuciosamente los tesoros dinásticos, hizo inventarios y los administró. A partir del archivo, Enriqueta publicó varios libros sobre personajes ilustres de la casa de Orleans, como María Amalia, esposa de Luis Felipe y última reina de Francia. Anteriormente había publicado informes de viajes sobre sus aventuras en los Alpes y el norte de África.

¿Recibirá el Premio Nobel?

En 1938, la princesa Enriqueta recibió un gran honor: dos estadistas franceses la nominaron para el Premio Nobel de la Paz, en parte por su compromiso con la caridad durante tanto tiempo. No lo recibió, pero hasta nuestros días sigue siendo la única mujer belga nominada al Nobel. Ni ella misma supo sobre su nominación, porque el Comité del Premio Nobel no da a conocer los nombres de las personas candidatas al Premio hasta décadas después.

Casi al mismo tiempo, las nubes de la guerra se fueron acumulando nuevamente sobre Europa y Enriqueta empezó a preocuparse en muchas áreas. Financieramente ya no tenía ninguna seguridad y la única propiedad que disponía era el Castillo de Tourronde. Los archivos de la casa de Orléans, por los que lucha desde hace muchos años, también estuvieron en serio peligro.

Los reyes Isabel y Alberto acompañan a Enriqueta en el funeral del duque de Vendome.

Con el auge del nazismo, Enriqueta comenzó a temer por su propia vida. Como duquesa de Vendôme, era un blanco simbólico y fácil para los fascistas, pero logró salir ilesa de la Segunda Guerra Mundial. Al igual que en la Primera Guerra, se mostró comprometida con los soldados y las víctimas, y por estos esfuerzos y su extensa labor benéfica se le otorgó una cinta de caballero en la Legión de Honor francesa.

Al otro lado del Océano Atlántico, la guerra de 1943 afectó a Enriqueta. Su hija Geneviève llevó a sus hijos Pierre-Emmanuel y Henryanne a un lugar seguro en los Estados Unidos. Allí, el varón estudiaba en la Escuela Militar de Pensacola, Florida, cuando durante un vuelo sobre el Golfo de México su avión se estrelló. Todos los pasajeros murieron, incluido el nieto de Enriqueta,que tenía apenas 17 años.

Los últimos años

Enriqueta de Bélgica en sus últimos años.

Después de la guerra, el entusiasmo por la vida de Enriqueta de Bélgica pareció haber desaparecido. Rara vez salió del castillo de Tourronde, excepto para un viaje ocasional a Suiza. Su corazón, riñones y pulmones comenzaron a fallar y por eso a mediados de 1948 tomó la decisión de refugiarse en Sierre (Suiza) para recuperar fuerzas. A los pocos días tuvo que ser trasladada de urgencia al hospital, donde murió el 28 de marzo a los 77 años. El 12 de abril su cuepo reposó finalmente en la tumba familiar de la casa de Orleans en Dreux, Francia.

Con la muerte de Enriqueta se perdió todo lo que ella amaba. En junio de 1950 se produce una subasta de sus bienes muebles y varios compradores, entre los cuales estaba la reina Juliana de Holanda, se quedaron con numerosos artículos personales de la princesa. Contra los últimos deseos de Enriqueta, su hijo vendió el castillo de Tourronde en 1952 y la propiedad fue dividida en lotes. Sus hijos también destrozaron el archivo de la casa de Orleans, el trabajo de su vida. Geneviève obtuvo la mitad y luego la donó a los Archivos Nacionales de París. La otra mitad, que fue a manos de Carlos, fue vendida por su viuda al Estado belga muchos años después.

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Efecto Delphine: los reyes Alberto y Paola de Bélgica modificaron su contrato matrimonial

Los exmonarcas dividieron sus bienes en una jugada legal que podría reducir ampliamente el legado que le corresponde a la hija extramatrimonial de Alberto II.

Los ex reyes de Bélgica, Alberto II y Paola, modificaron su contrato matrimonial, en un arreglo que reduce la herencia a la hija reconocida del exmonarca, Delphine de Sajonia-Coburgo. Hasta el momento, los ex reyes, con 61 años de matrimonio, mantenían un contrato matrimonial de bienes comunes, pero recientemente han decidido enmendarlo para dividir la propiedad.

La ley de enmienda consiste en dividir la propiedad común de la pareja de ancianos. Si la mayor parte de la propiedad va a Paola, Alberto reduce la herencia de su hija recién reconocida Delphine”, explicó el periodista y conocedor de la monarquía belga Wim Dehandschutter.

El reconocimiento de la artista Delphine Boel como hija extramatrimonial de Alberto II con la baronesa Sibile de Selys-Longchamps, tras muchos años de batalla judicial, implica que la ahora princesa de Sajonia-Coburgo adquiriera el derecho a recibir parte de la herencia de su padre tras su muerte.

Primer encuentro de Delphine con Alberto II y Paola en octubre.

“Hasta hace poco, Alberto y Paola estaban casados bajo un contrato matrimonial con una separación de bienes con una comunidad de bienes limitada. Convirtieron eso en una separación de bienes. Eso significa que vuelven a ser económicamente independientes entre sí. Todo lo que estaba incluido en su propiedad común, el rey retirado y la reina lo dividieron de común acuerdo”, explicó Dehandschutter.

Para el rey Felipe, Astrid y Laurent, la división de bienes de sus padres no cambia nada, porque ya sea que los bienes se agreguen a los activos de Alberto o Paola, los heredarán de todos modos. “Pero para Delphine hace una gran diferencia si la mayor parte fue para Paola”, agregó el experto. No se sabe qué porcentaje del patrimonio común fue a parar a cada uno de los cónyuges.

Delphine de Sajonia-Coburgo con su hermano, el rey Felipe.

Citando a un juez de familia, el periódico belga Nieuwsblad explica que “la ley belga no define si hay que dividirlo en cincuenta por ciento”, por lo que “bien podría ser el 80 por ciento para uno y el 20 por ciento para otro”.

“De modo que puede asegurarse de que la mayor cantidad posible vaya a uno de los dos”, dijo la fuente. “De esta manera evitan que, por ejemplo, el dinero, los bienes raíces o las joyas preciosas terminan en el lado equivocado de la familia. Entonces parece que Alberto está asegurando su patrimonio”.

Emmanuel y Eleonore, los príncipes músicos de Bélgica, participarán del Concierto de Navidad

Con restricciones por la pandemia, el palacio de Bruselas vuelve a ser el escenario del tradicional concierto con la participación especial de los hijos menores de los reyes.

Como cada año, el Palacio Real de Bruselas fue el escenario del Concierto de Navidad, que sin embargo en esta ocasión no contará con público presente para evitar la propagación del coronavirus. Solo la familia real asistió a la velada, que fue grabada y será emitida el domingo 20 de diciembre en la televisión belga.

El concierto es algo que el rey y la reina ofrecen todos los años, para agradecer a las personas que han contribuido a que todas las visitas y actividades reales transcurran sin problemas. Este año se trata de la pandemia de la corona y quiere traer luz y música para animar a los belgas en tiempos difíciles.

“Queremos compartir con ustedes este excepcional concierto navideño y dedicarlo a los más afectados por la pandemia”, dijo el rey Felipe.

La familia real será partícipe del concierto con la participación especial del príncipe Emmanuel y la princesa Eleonore, hijos menores de los reyes Felipe y Matilde. La princesa (de 12 años) interpretará una versión jazzística de ‘We Wish You A Merry Christmas‘ en su violín, mientras Emmanuel (de 15 años) interpretará el clásico ‘Adeste Fideles‘ en saxofón.

Otra novedad de esta nueva edición del Concierto del Palacio es que las tradicionales cantatas y clásicos navideños darán paso a un repertorio más “moderno” con el coro de indie rock belga Scala & Kolacny Brothers, un coro femenino dirigido por los hermanos Steven y Stijn Kolacny y que ganó fama en el extranjero por sus representaciones en Francia, Alemania, Inglaterra y EEUU.

Scala interpretará canciones de Linkin Park, Sarah McLachlan, Leonard Cohen, Coldplay y Pierre Rapsat, frente a un brillante telón de fondo, compuesto por más de 4000 origami de Charles Kaisin. El concierto tradicionalmente se cierra con ‘Stille Nacht’, en los tres idiomas nacionales de bélgica, informó la cadena belga RTL.

El salario real de Laurent de Bélgica vuelve al ojo de la tormenta: ¿qué hizo en 2019?

Los políticos quieren conocer cuáles fueron las actividades del príncipe que justifican sus 93.000 euros, pero no tiene la posibilidad: el informe de cuentas se ha extraviado.

El informe anual sobre las actividades oficiales del príncipe Laurent de Bélgica durante 2019 desapareció, justo cuando políticos nacionalistas flamencos creen que el príncipe, hermano menor del rey Felipe, no debería recibir ningún subsidio estatal, al igual que su hermana, la princesa Astrid.

Para monitorear el uso responsable y adecuado de los fondos públicos que recibe la familia real belga, los funcionarios de la casa real deben presentar un informe anual obligatorio, informó el diario Het Nieuwsblad.

Un portavoz de la casa real le aseguró al citado periódico en nombre de un asesor del príncipe Laurent que el informe fue entregado a la entonces primera ministra Sophie Wilmès en abril de este año, al igual que los informes anuales del rey Alberto y la princesa Astrid.

Sin embargo, el diputado del N-VA Peter Buysrogge, que quiso leer este documento para tener una visión de las actividades del príncipe, sólo encontró los últimos documentos sobre el ex rey Alberto II y la princesa Astrid y ahora le pidió al nuevo primer ministro, Alexander De Croo, que rastree con urgencia el informe de actividades desaparecidas de Laurent.

El salario anual del príncipe Laurent ha sido objeto de discusión durante años, especialmente en el partido nacionalista flamenco N-VA, que cree que el príncipe, de 57 años, suele realizar actividades que difícilmente pueden tomarse en serio y que apenas justifican su generosa asignación, de la que 93.000 euros cuentan como ingresos. En años recientes, el príncipe había asegurado que la dotación oficial es escasa para mantener a su familia.

La Casa Real de Bélgica recibe 13 millones de euros anuales provenientes de los fondos públicos, de los que una parte está destinada a salarios y el resto cubre el mantenimiento de las viviendas reales, los gastos de las visitas oficiales, los de la calefacción, la electricidad y el parque automovilístico. No se incluyen los costos de viajes oficiales ni de seguridad.

En 2014, el Senado belga reorganizó el sistema de subvenciones de la familia real. Los hijos del rey, con la excepción de la heredera al trono, ya no recibirán salarios provenientes de fondos públicos. Desde entonces, la Lista Civil se reparte entre el rey, la reina consorte, el príncipe heredero y su consorte, el ex monarca y su consorte o la reina viuda.

Sin embargo, la nueva ley no planteó cambios en los salarios de los príncipes Astrid y Laurent, quienes asumen tareas oficiales de representación y, por lo tanto, no pueden ejercer una actividad profesional. “Esto significa que tienen derecho a su donación de por vida”, explicó Marc Uyttendaele, experto constitucionalista belga.

(monarquias.com)

Luisa de Bélgica, la princesa que huyó de un manicomio con la ayuda de su amante

Brillante, derrochadora, vestida siempre a la moda, la hija de Leopoldo II era una de las mujeres más elegantes de la Viena pero también la más desacreditada.

El nacimiento de la princesa Luisa de Bélgica no podría haber sido más decepcionante. Aquel 18 de febrero de 1858, en el castillo de Laeken, sus padres esperaban un príncipe que heredara el trono, pero cuando nació la niña cundió la tristeza. Esa decepción se tradujo de inmediato en una crianza sin amor ni afecto hacia la princesita, bautizada Luisa María en honor a su abuela, Luisa María de Orleáns, primera reina de los belgas. Los historiadores afirman que Luisa experimentó una educación espartana, que incluyó incluso severos castigos corporales.

Su padre, el futuro rey Leopoldo II, en particular no se preocupó por Luisa, mucho menos después del nacimiento de su segundo hijo, el príncipe Leopoldo, en 1859. De hecho, el niño recibió toda la atención de su padre como futuro heredero al trono. En 1864, nació otra hija, la princesa Estefanía, que mereció de su padre la misma falta de amor. Enorme fue el drama en 1869 cuando el príncipe Leopoldo murió repentinamente y dejó a Leopoldo sin heredero, un dolor que se acrecentó en 1872 cuando la reina Enriqueta dio a luz a una tercera hija, Clementina.

Agobiado por el dolor, Leopoldo II se alejó cada vez más de su esposa e hijas y solo se fijó en las niñas cuando los funcionarios de la corte lo convencieron de que las tres podían ser muy útiles en el juego de la política matrimonial internacional. Primero usó a Luisa: el 4 de febrero de 1875 se casó en Bruselas con el príncipe Felipe de Sajonia-Coburgo y Gotha. Ella tiene poco menos de 17 años mientras el novio tenía casi 31, pero era rico y eso le agradaba a Leopoldo. Los novios estaban estrechamente relacionados, ya que la madre de Felipe, Clémentine, era hermana de la reina Luisa María de Bélgica.

El matrimonio de Luisa y Felipe no fue un gran éxito. De hecho, fue un desastre. Las cosas comenzaron a ir mal desde la mismísima noche de bodas, cuando la princesa adolescente y sin experiencia se horrorizó ante los deseos sexuales de su nuevo marido y huyó a refugiarse a los invernaderos del castillo de Laeken. Pronto descubrió que a Felipe le gustaban la literatura erótica y las imágenes pornográficas, una preferencia que insistió en compartir con su esposa.

El 4 de febrero de 1875 se casó en Bruselas con el príncipe Felipe de Sajonia-Coburgo y Gotha.

Poco tiempo después, Luisa y Felipe abandonaron Bruselas para instalarse en la corte imperial de Viena, el lugar donde creció la reina María Enriqueta. Aunque le había contado mucho a su hija sobre la esplendorosa vida de los Habsburgo, la princesa tuvo que acostumbrarse a su entorno. Gracias a sus orígenes tan reales, Felipe de Sajonia-Coburgo obtuvo acceso a los densos círculos que rodean al emperador Francisco José y la princesa Luisa pronto conoció la vida cosmopolita en la capital, convirtiéndose en una princesa glamorosa.

Aunque Luisa y Felipe tuvieron dos hijos, los esplendores de Viena pronto los obligaron a seguir sus propios caminos, y ambos comenzaron a una vida libertina en la que no les preocupaba mucho la fidelidad conyugal. Luisa de Bélgica se convirtió en el objetivo de los chismes de la corte y los informes sobre su comportamiento extravagante llegaron hasta Bruselas. La reina María Enriqueta le aconsejó repetidamente que lleve una vida más sobria, pero su hija ignoró ese consejo. Su reputación fue de mal en peor, para disgusto del emperador Francisco José, pero ello no impidió que en 1880 aprobara el matrimonio de su hijo y heredero, el archiduque Rodolfo, con la hermana menor de Luisa, la princesa Estefanía.

Poco antes del cambio de siglo, Luisa conoció al conde croata Géza Mattacic. Los dos se enamoraron apasionadamente y comenzaron una tormentosa aventura mientras toda Viena difundía los detalles. Las consecuencias no tardaron en llegar: Luisa perdió el favor del emperador Francisco José, factor imprescindible para quienes desean mantenerse en pie en la corte de Viena, y Felipe interrumpió el suministro de dinero a su esposa.

En poco tiempo, la princesa comenzó a sumergirse en deudas y tuvo que vender todas sus posesiones valiosas, incluida su ropa interior. Para evitar la vergüenza, Felipe compró casi todo, pero los acreedores continuaron persiguiendo a la princesa, que incluso comenzó a falsificar la firma de su hermana Estefanía para recaudar dinero.

Desde Bruselas, Leopoldo II le dijo a su hija que no pagaría ninguna de sus deudas y rechazó aprobar su divorcio. En lo que a él concernía, su hija ya estaba muerta. Los dos hijos de la princesa y su marido le dieron la espalda, en parte por temor a que la reputación de su madre perjudique sus propias oportunidades en la vida y su posición dentro de la realeza. Solo su hermana Estefanía le sigue siendo fiel.

Sumergida en deudas, Luisa tuvo que vender todas sus posesiones valiosas, incluida su ropa interior.

El escándalo gradualmente se volvió demasiado grande para ocultarlo y el emperador Francisco José tuvo que actuar: hizo arrestar a Mattacic por cargos de fraude y le ofreció a Luisa las opciones de regresar sumisamente con su esposo o ingresar a una institución psiquiátrica. Deseosa de escapar de aquella cárcel que significaba para ella estar casada con un hombre que no amaba, eligió la celda de un psiquiátrico.

Después de unos años, Mattacic fue liberado de la prisión e inmediatamente comenzó a buscar a Luisa, a la que amaba sinceramente. Cuando dio con su paradero, la ayudó a escapar de la institución y huyeron juntos. En los años siguientes, están constantemente huyendo e instalándose sucesivamente durante algunas temporadas en Berlín, París y Budapest.

En 1907, un juez en Gotha finalmente responde a la solicitud de divorcio de Luisa y Felipe de Sajonia-Coburgo. Para Leopoldo II, esta fue la excusa perfecta para apartarla de su voluntad, el mismo destino que también sufriría la princesa Estefanía, que ya era viuda del archiduque Rodolfo. Cuando murió en 1909, las princesas descubrieron escandalosamente que su padre dejó todo su dinero a su amante la baronesa de Vaughan. Luisa y Estefanía iniciaron una demanda contra el Estado belga, pero perdieron la batalla. Aún así, el estado belga les otorgó una buena suma de dinero, que recibieron muchos años después debido al estallido de la Primera Guerra Mundial.

Después de la guerra, Luisa y Géza Mattacic regresaron a París, donde la princesa escribió sus memorias «Autour des trônes que j’ai vu tomber» («Alrededor de los tronos que vi caer»), el que habla de las personas más importantes de su vida, incluido Leopoldo II. En 1923, la salud de Mattacic se deterioró, muriendo rápidamente. Luisa se trasladó por última vez a Wiesbaden en Alemania, donde murió el 1 de marzo de 1924, sola y pobre. Cuenta la historia que abrazaba una foto de Mattacic contra su pecho cuando exhaló su último aliento.