Hace 127 años: murió Alejandro III de Rusia, el zar gigante, bruto y sencillo

El zar Alejandro III de Rusia recibió el sobrenombre de “El Pacificador” porque durante su reinado (1881-1894) Rusia no entró en guerra con nadie. “Cualquier persona con corazón, no puede desear una guerra, y cada gobernante –a quien Dios le ha confiado un pueblo– tiene que hacer todo lo posible para evitar los horrores de la guerra”, solía decir este zar. En el plano íntimo, era un hombre enorme, bruto y fortachón que solía caer mal por sus modales de «ogro». Su contemporánea, la reina Victoria, se refirió a él como «un soberano a quien yo no considero un caballero» (el zar, enterado de lo que la monarca opinaba de él, se refirió a ella como «una mujer consentida, sentimental, egoísta» y una «anciana insidiosa y entrometida»).

En este artículo, tres datos curiosos sobre la vida de este monarca:

Su mal carácter provocó que un oficial se suicidara

En su memorias, el príncipe Peter Kropotkin, un famoso revolucionario ruso y filósofo describió una anécdota terrible que le sucedió al gran duque Alejandro, el futuro zar, en 1869. Cuenta que Karl Gunius, oficial finlandés, era famoso por haber mejorado el rifle Berdan, uno de los rifles más usados en Rusia en la segunda mitad del siglo XIX y después de uno de sus viajes de negocios a los Estados Unidos, se le dio una audiencia con Alejandro, que en ese momento era el ayudante general de su padre, Alejandro II.

«Durante la audiencia, el Alejandro… comenzó a hablar groseramente con el oficial [Gunius]. El gran duque debió haber contestado con dignidad, pero se indignó e insultó sin piedad al oficial… el oficial se fue de inmediato y le envió una carta al Gran Duque, exigiéndole que se disculpe y agregó que si la disculpa no se hacía en 24 horas, se suicidaría… Alejandro no se disculpó, y el oficial cumplió su palabra. Lo vi en la casa de mi amigo cercano esa noche cuando esperó a que llegara la disculpa. Al día siguiente, estaba muerto. Alejandro II estaba furioso con su hijo y le ordenó que escoltara el ataúd del oficial hasta la tumba, pero incluso esta horrible lección no curó al joven de la arrogancia y impetuosidad de los Romanov”.

Un zar con fama de gigante

Enorme y robusto, Alejandro III de Rusia medía 1,93 m. y poseía una impresionante fuerza física. Cuando quería hacer una gracia en una fiesta lo que más le gustaba era doblar atizadores y romper barajas enteras por la mitad de un solo golpe. El zar odiaba la pompa cortesana, el arte y los bailes, y pensaba que un auténtico ruso debía ser simple: “Un ruso debe ser sencillo en sus maneras, en sus palabras, en sus comidas y en el vestir”.

Llevaba una vida muy frugal, según su hija

Su hija, la gran duquesa Olga, lo admiraba y describió así su rutina de trabajo: «Yo estaba asombrada ante la enorme cantidad de trabajo que mi padre tenía que hacer cada día. Yo creía que un zar era el hombre más trabajador en la tierra. Además de las audiencias y las funciones de Estado, cada día se enfrentaba a una montaña de edictos, leyes e informes que tenía que leer y firmar. Muchas veces mi padre solía garabatear frenéticamente sus indignados comentarios en los márgenes de los documentos: ‘¡idiotas! ¡Tontos! ¡Qué bestia es!’…»

«Se levantaba a las 7 de la mañana, se lavaba con agua fría, se vestía con ropa de campesino, se preparaba su café en una cafetera filtradora de vidrio, llenaba el plato de galletas, y después de desayunar, se iba a su escritorio y comenzaba su tarea diaria. Había una muchedumbre de servidores para atenderle, pero no molestaba a ninguno de ellos. Había campanillas en el despacho, pero no las hacía sonar. Algunos momentos después, su esposa se reunía con él, y dos sirvientes ponían a su disposición una mesita. Marido y mujer compartían un desayuno de huevos cocidos y pan de centeno y mantequilla».

«Cuando el zar ruso está pescando, Europa puede esperar«

Alejandro III poseía una casa de campo, o dacha, en Kotka, Finlandia. En aquella época el país escandinavo era parte del Imperio ruso y a Alejandro le encantaba pasar tiempo en verano con su familia remando, haciendo senderismo y pescando. Ordenó que se construyera en el bosque una cabaña de dos pisos para su familia. La visitó un total de 31 veces y pasó allí 213 días.

Una vez, cuando el zar se estaba descansando en su dacha, estalló en Europa un conflicto diplomático en torno a los intereses de Francia, que desde 1891 había sido aliada del Imperio ruso. El ministro de Asuntos Exteriores, Nicolás de Giers, envió un telegrama a la oficina del emperador, recomendando que Alexánder suspendiera sus vacaciones y regresara a San Petersburgo para participar en las negociaciones. El ministro de Asuntos Exteriores temía que el conflicto condujera a una guerra en Europa Cuando los mensajeros llegaron apresuradamente a la casa de campo de Alejandro, el zar lo escuchó con calma y respondió: “Cuando el zar ruso está pescando, Europa puede esperar”.

La leyenda dice que amaba el vodka

La leyenda cuenta que el gusto por el alcohol de Alejandro III hizo que cambiara la forma de sus botas. Se dice que le gustaba tomar algo de vez en cuando pero que su mujer, la princesa danesa Dagmar (que tomó el nombre ruso de María Fiódorovna) no toleraba ni el olor del alcohol. Según otras fuentes, estaba preocupada por la salud de su marido. De manera que, pasar no molestar a su mujer con emociones negativas, el emperador bebía de manera secreta. Para hacerlo pidió que le hicieran unas botas largas y anchas, donde al parecer guardaba una pequeña botella.

Por otra parte, hay expertos que creen que las historias sobre su supuesto abuso del alcohol provienen de sus oponentes liberales. Cuando llegó al poder en 1881, tras el asesinato de su padre reformista -Alejandro II- tomó un camino mucho más conservador. Pacificó los problemas internos y fortaleció el ejército y la armada. Así que sus opositores pensaron que era necesario “crear una imagen de un tonto y borracho en el trono”, para demostrar que había que deshacerse del monarca. Lo que contradice la descripción del zar como un borracho es el testimonio de su doctor, Nikolai Veliamínov. “¿Bebía vodka? Me parece que no y, si lo hacía, no era más que un pequeño vaso. Cuando quería beber en la mesa, su bebida favorita el kvas con champán, y lo bebía modestamente”. Tal y como comenta el historiador Kirill Soloviov: “No hay fuentes fiables que confirmen la inclinación a la bebida”.

El príncipe ruso que fue despreciado por la familia imperial, declarado loco y desterrado

Escrito por Georgy Manaev / RBTH

La familia Romanov tenía un esqueleto en el armario. Sin embargo, ese ‘esqueleto’, el gran duque Nicolás Konstantinovich (1850-1918), estaba vivo y era una amenaza constante para la reputación de la familia imperial de Rusia, al punto de que fue declarado loco y desterrado a Tashkent, a más de 3.300 kilómetros de Moscú. ¿Por qué el primo de Alejandro III sufrió tal destino?

En enero de 2019, se descubrió un verdadero tesoro real en Tashkent: monedas, platos, joyas, por un valor de más de un millón de dólares. Eran tesoros de Nicolás Konstantinovich (1850-1918), nieto del zar Nicolás I, que nunca se encontraron en la época soviética. Mientras estaba exiliado en Tashkent, el miembro de la familia imperial no desperdició el dinero de la familia allí, por el contrario, se ganaba la vida trabajando, lo cual era bastante inusual para un Gran Duque. Por ello, fue uno de los Romanov más inusuales de la historia.

En Tashkent, la gente todavía habla bien de Nicolás Konstantinovich. El gran duque vivió allí hasta el final de su vida y logró hacer mucho por la ciudad. En primer lugar, introdujo la fontanería. También donó dinero para la construcción de un teatro dramático (hace mucho tiempo demolido) y el cine Khiva (que aún existe), y estableció becas para estudiantes uzbekos, que no tenían suficiente dinero para ingresar a las universidades rusas. Fue un empresario brillante: abrió estudios de fotografía y salas de billar, comenzó a vender kvas y a procesar arroz, estableció fábricas de jabón y fábricas de algodón de ciclo completo. Las ganancias de estos emprendimientos y otras empresas fueron destinados a satisfacer sus intereses personales y, afortunadamente para la población de Tashkent, esos eran bastante sanos.

Nicolás Konstantinovich, miembro honorario de la Sociedad Geográfica Imperial de Rusia, estaba bien versado en agricultura y sus necesidades. Su proyecto más famoso fue el riego de la Estepa Húngara, un desierto salino a las afueras de Tashkent. Con su propio dinero, el gran duque financió la construcción del canal de riego Romanovsky de 60 millas, lo que provocó el desarrollo agrícola de la zona, que continuó bajo el dominio soviético. Además, legó la mitad de su fortuna para las necesidades públicas de Tashkent.

El Gran Duque se refirió a su canal como Iskander-Aryk (arykes significa “corriente” en el idioma uzbeko), porque se llamaba a sí mismo Iskander, y desde 1899, por decreto del entonces emperador Nicolás II, la esposa del gran duque y todos sus descendientes comenzaron a llamarse Duques Iskander. Sin embargo, ninguno de ellos fue aceptado en el círculo de la familia real: Nicolás Konstantinovich (Nicola, como lo llamaron en su casa en su juventud), siempre fue un paria entre los Romanov. Cuando el emperador Alejandro II fue asesinado en 1881, Nicola le escribió a su primo, Alejandro III, pidiéndole que se le permitiera regresar a San Petersburgo «a rezar por las cenizas del monarca que venero». La respuesta del zar a su primo fue: “No eres digno de inclinarte ante las cenizas de mi padre, quien fue cruelmente engañado. No olvides que nos deshonraste a todos. Mientras esté vivo, nunca volverás a Petersburgo».

El gran duque y la bailarina

FANNY LEAR

De joven, Nicolás Konstantinovich se hizo famoso en su círculo familiar como el primer Romanov en graduarse de un establecimiento de educación superior, la Academia del Estado Mayor, con una medalla de plata. Un oficial brillante, comandante de escuadrón, alrededor de 1871, conoció a Harriet Blackford (1848-1886) en un baile. La bailarina estadounidense de 23 años, que se hacía llamar Fanny Lear, ya se había casado y estaba criando un hijo. Nicola se enamoró de ella y comenzó a organizar lujosas fiestas en su honor, que pronto se convirtieron en el tema de conversación de San Petersburgo.

El comportamiento de Nicola violaba varios principios de ética principesca. Según los estándares de la ultraconservadora familia imperial, Fanny era considerada una prostituta común. La asociación abierta con mujeres como esta y las apariciones públicas con ellas eran inaceptables para un gran duque ruso. Para romper este enlace, Constantino Nikolaievich, padre de Nicola y hermano del zar Alejandro II, enviaron a Nicola a integrar una fuerza expedicionaria a Asia Central, a Khiva, a los mismos lugares donde el gran duque más tarde sería exiliado. Después de haber mostrado un valor legendario y haber sido galardonado con la Orden de San Vladimir, Nicolás Konstantinovich regresó de la campaña militar y – reavivó su aventura con Fanny Lear con más pasión que antes. Junto con ella y su buen amigo Cornet Nikolai Savin, el gran duque viajó por Europa,

Los grandes duques y duquesas tenían sus ingresos privados: al nacer, sus padres tradicionalmente invertían una cierta cantidad en valores, cuyo interés reponía el capital personal de la descendencia real. Además, recibieron importantes sumas por sus gastos privados. Sin embargo, incluso eso no fue suficiente para el lujoso estilo de vida que disfrutaban Nicola y su novia, y el gran duque decidió violar un par de principios principescos más centenarios: cometió un crimen combinado con sacrilegio.

Una solución psiquiátrica

LA GRAN DUQUESA ALEJANDRA IOSIFOVNA

La madre de Nicola, la gran duquesa Alejandra Iosifovna, era famosa por su belleza y disposición alegre. Fue anfitriona de celebradas veladas musicales, en las que interpretó su propia música, principalmente marchas; y Johann Strauss le había dedicado un vals y una cuadrilla. Su pasión más excéntrica era su amor por las sesiones espiritistas. Como escribió la dama de compañía Anna Tyutcheva, Alejandra Iosifovna «celebró tantas sesiones y con tanta frecuencia que terminó teniendo un aborto espontáneo y casi perdió la cabeza». Pero todo eso fue más tarde. Como mujer joven, Alejandra era la novia amada de Constantino, el segundo hijo de Nicolás I. El propio zar, amante de la música y conocedor de la belleza femenina, admiraba a su nuera y le regaló una reliquia familiar como regalo de bodas: un icono de la Virgen decorado con diamantes.

Tres de esos diamantes, como fue establecido por una investigación posterior, fueron robados por Nicolás Konstantinovich en una noche de abril de 1874, y más tarde empeñados por su ayudante. Las cosas se exacerbaron aún más por el hecho de que en el primer interrogatorio, Nicola juró en la Biblia que era inocente. Su padre escribió en un diario: “Sin remordimientos, sin confesiones, excepto cuando la negación ya no era posible, e incluso entonces arrancarlas de él, no hubo amargura y ni una sola lágrima. ¡Le suplicamos, por el bien de todo lo que todavía era sagrado para él, que aliviara su culpa con sincero arrepentimiento y confesión! ¡Nada funcionó!»

La historia se discutió ampliamente en San Petersburgo, por lo que fue necesario explicar de alguna manera el comportamiento del gran duque y la corte encontró una solución aparentemente fácil: se decidió anunciar públicamente que Nicola estaba loco, es decir, que era un cleptómano. La decisión estaba, por así decirlo, al alcance de la mano: durante mucho tiempo se consideró que la madre del gran duque, Alejandra Iosifovna, se había vuelto completamente loca con sus sesiones interminables y ello fue considerado un antecedente. Se convocó un consejo de médicos encabezado por el famoso psiquiatra ruso Ivan Balinsky, quien examinó a Nicola y habló con él.

Como señala el profesor Igor Zimin, el diagnóstico provisional del 12 de agosto de 1874 declaró: «No encontramos […] que su alteza muestre signos de cleptomanía, pero el paciente […] ha desarrollado claramente una forma hereditaria de locura». De hecho, Nicolás Konstantinovich nunca recibió un diagnóstico específico: frases como «un trastorno mental doloroso» o «anemia y un colapso nervioso completo» eran demasiado vagas. Al final, la decisión fue tomada por el propio Alejandro II. El 11 de diciembre, se emitió un decreto oficial que declaraba que el gran duque «sufre un trastorno de las habilidades mentales», tras lo cual fue puesto formalmente bajo el cuidado de su padre pero, de hecho, estaba bajo la supervisión del Ministro del Interior. Estaba prohibido mencionar su nombre en documentos oficiales, y su herencia fue transferida a sus hermanos menores. También fue despojado de todos sus rangos y premios y fue eliminado de las listas de su regimiento.

A sus 24 años, Nicola enfrentó el destierro de toda la vida de San Petersburgo. Sin embargo, conservó su título y continuó siendo incluido como miembro de la familia imperial hasta 1917. Además, recibió 12.000 rublos al año por su sostén. Pero ese dinero era solo una gota en el océano de su fortuna. Al final de su vida, sus ingresos anuales ascendían a 1,4 millones de rublos, ya que todas sus empresas comerciales eran altamente rentables. Entonces, ¿estaba realmente loco?

¿Estaba loco el gran duque Nicolás Konstantinovich?

EL GRAN DUQUE CONSTANTINO, PADRE DE NICOLÁS

En su libro Médicos en la Corte Imperial de Su Majestad, el profesor Igor Zimin consultó con los psiquiatras actuales. Según el psiquiatra Nina Vanchakova, el gran duque puede haber estado sufriendo un trastorno bipolar. Además del robo de los diamantes, que no pudo explicar a nadie, su vida estuvo llena de otras acciones impulsivas. Después de ser declarado loco, Nicolás vivió en 10 lugares diferentes, incluidos Samara, Crimea, la provincia de Vladimir, Uman (cerca de Kiev), cerca de Vinnitsa en la provincia de Podolsk, y luego Orenburg. Como miembro honorario de la Sociedad Geográfica Imperial de Rusia, escribió artículos de investigación sobre Asia Central, que había planeado desarrollar desde la época de la campaña de Khiva.

En 1878 en Orenburg, se casó con una mujer noble, Nadezhda von Dreyer, y dos años más tarde fue llevado más cerca de San Petersburgo, a Sablino: parecía que su padre, Constantino Nikolaievich, casi había persuadido a su hermano Alexander para que perdonara a su sobrino. Comenzó a ser visitado por psiquiatras nuevamente. Pero en marzo de 1881, el zar fue asesinado, y Alejandro III no mostró intención de prestar atención a las súplicas de su tío y «perdonar» a su primo. No permitió que Nicolás Konstantinovich asistiera al funeral del difunto zar, y en respuesta Nicolás Konstantinovich se negó a jurarle lealtad. Ese fue un escándalo aún más grande que el robo de los diamantes: la oposición política podría darle a Nicola la reputación de mártir y disidente. Es por eso que una vez más fue certificado como loco.

Al principio, Nicola fue puesto en una fortaleza, por razones políticas. Luego se recomendó que lo enviaran a una gran ciudad, donde sus payasadas podrían explicarse fácilmente como locura. Nicola fue enviado a Tashkent acompañado por Nadezhda Iskander porque, aunque su matrimonio, cuya noticia había llegado a San Petersburgo, fue oficialmente disuelto por el Santo Sínodo, esto no detuvo a la pareja.

Nicolás Konstantinovich vivió en Tashkent hasta su muerte en 1918. Entonces, ¿qué otras excentricidades cometió, este hombre que estaba ocupado regando estepas, un ex ladrón que inició docenas de negocios exitosos? Según las memorias del primer ministro Sergei Witte, «en la región fue reconocido como una persona inteligente y relativamente cercana». Al mismo tiempo, no dejó de ser un dolor de cabeza para las autoridades: por ejemplo, una vez que visitó a un nihilista exiliado y lo invitó a entrar a una reunión política secreta con él contra el gobierno. En 1895, se casó con la hija de un cosaco, Daria Chasovitina, con quien tuvo tres hijos (para entonces, Nadezhda y sus hijos se habían mudado y vivían en San Petersburgo).

Después de la muerte de Alejandro III, cuando la relación de Nicola con la corte comenzó a mejorar, conoció a Valeria Khmelnitskaya, una colegiala de 15 años de una familia noble, comenzó a vivir con ella e intentó casarse con ella, a pesar de tener una esposa viva, Nadezhda Iskander. Fue nuevamente examinado y declarado loco. Para separar al gran duque de la joven Valeria, fue transferido a Tver y luego a las provincias bálticas. Cuando Khmelnitskaya ya no era un problema (se casó), el gran duque fue devuelto a Tashkent. Sus relaciones extremadamente impulsivas con las mujeres eran un tema constante de chismes en Tashkent: la visión cínica del gran duque era que siempre era una cuestión de precio.

En el momento de la Revolución de febrero de 1917, Nicolás Konstantinovich todavía estaba vivo tras haber presenciado a lo largo de su vida (y trastornado) cuatro reinados de su dinastía en Rusia. Levantó una bandera roja sobre su residencia y envió un telegrama de felicitación al nuevo primer ministro, Alexander Kerensky, su viejo amigo. Más tarde visitó a su esposa Nadezhda en San Petersburgo y participó en el bautismo de su nieta Natalya, y luego regresó a Tashkent con Nadezhda, quien se quedó con él hasta su muerte. El «Gran Duque Iskander» murió el 14 de enero de 1918 de neumonía.

“Valores familiares”

NICOLÁS CONSTANTINOVICH CON SU ESPOSA, NADEZHDA

¿Por qué Alejandro III no quería perdonar a su primo, y por qué sus propios hermanos, los grandes duques Constantino y Dimitri, se manifestaron en contra de su rehabilitación? La cuestión es que Nicolás Konstantinovich, de hecho, repitió el delito menor de su padre, que engañó abiertamente a su esposa Alejandra Iosifovna, y también con una bailarina, Anna Kuznetsova. No trató de ocultarlo, incluso de su esposa. Habiendo permitido gentilmente a los hijos de Constantino Nikolaievich de este enlace tener títulos nobles y llevar el patronímico de su padre (pero no su apellido, eran conocidos como Knyazevs), el emperador Alejandro III odiaba a su tío; después de todo, su propio padre, Alejandro II, había tenido también engañó cínicamente a su madre con la princesa Catalina Dolgorukova. Alejandro II había establecido abiertamente a su amante en el Palacio de Invierno, y después de la muerte de su esposa en 1880, se casó con ella, sin esperar siquiera a que transcurriera un año de luto.

En la segunda mitad del siglo XIX, la familia imperial rusa vivía rodeada de escándalo y odio mutuo. Fueron estas personas las que declararon a Nicolás Konstantinovich, que no sintió remordimiento por el robo mientras que su pobre madre, que había dado a luz a seis hijos en un matrimonio legal, fue considerada una espiritualista enloquecida. Tres años antes de su muerte, Constantino Nikolaievich sufrió un derrame cerebral. Estaba parcialmente paralizado y tenía dificultades para hablar. A pesar de su relación, por decirlo suavemente, complicada, su esposa lo cuidó hasta su muerte. A Nicolás Konstantinovich no se le permitió venir a presentar sus últimos respetos a su padre.

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